domingo, 16 de agosto de 2009

Mayor igualdad, ¿Mayor prosperidad?

A menudo desigualdad y pobreza son conceptos económicos que se confunden, aún entre algunos economistas.

La pobreza es la restricción de elegir libremente bienes que provean bienestar mínimo (alimentos y vestido) y se debe a la carencia de un empleo productivo (debido a que la oferta de trabajo es mayor a la demanda y/o a la baja escolaridad) que permita generar un ingreso que haga que los individuos más pobres puedan alcanzar un consumo que vaya más allá del mínimo necesario para vivir (adquirir bienes como educación, salud y recreación).

La desigualdad, concepto que a menudo se confunde con la pobreza, es la brecha que hay entre el ingreso de los que más ganan respecto de los que menos. Para nada son lo mismo.

Contrario al pensamiento económico convencional, y hay abundante literatura económica al respecto, cuando un país es muy pobre, la desigualdad tiende a ser muy menor (casi todos igual de jodidos). Dicha tendencia a la igualdad comienza a cambiar (y a crecer con ello la desigualdad), cuando una nación comienza a crecer vía mayor inversión productiva que se traduce en mayor producción, empleos, ingresos y consumo (jamás al revés).

La razón, sencilla: los individuos más capaces (y educados) comienzan a beneficiarse de las nuevas oportunidades y ello les permite generar un ingreso respecto de los menos competitivos. Pero ojo, aquí empieza el mar de confusiones de los pobretólogos (en su mayoría sociólogos aprendices de economista ó economistas con inclinación ideológica marxista).

Para el padre del “socialismo científico,” Carlos Marx, el capitalismo es el sistema económico más poderoso para generar riqueza, pero que de acuerdo al propio Marx, en este proceso de creación de riqueza, el defecto del sistema capitalista es la desigualdad que trae aparejada, producto de la lucha de clases (los ricos-dueños de los medios de producción- se apropian de una parte de la riqueza generada por los trabajadores- plusvalía) y en donde supuestamente la tendencia es que halla más trabajadores paupérrimos y ricos “gandallas” más ricos.

La evidencia de las profecías económicas marxistas se topó con la realidad. Marx y sus seguidores hicieron caso omiso (a al menos despreciaron) al papel que la tecnología jugaría para hacer más eficiente tanto al factor trabajo como al factor capital. Al final de cuentas, luego de un siglo de la teoría marxista, los países capitalistas registraban tasas de ingreso mucho mayor que la de los países socialistas en donde supuestamente, al eliminar la propiedad privada de los medios de producción, se acabaría la explotación capitalista y los trabajadores (“el hombre nuevo y libre”) gozarían de un bienestar sin precedente en la humanidad.

El tiempo derribó y desprestigió al marxismo, con excepción de la universidades latinoamericanas, en donde en su enorme mayoría sigue prevaleciendo el sofisma marxista, a veces con el disfraz de “ecologismo radical” ó de la llamada “teología de la liberación.”

Al día de hoy, la mayoría de los pobretólogos, si bien no marxistas puros, comulgan con la idea de que si bien es incorrecto desparecer la propiedad privada sobre los medios de producción, es necesario establecer un agresivo control sobre la redistribución del ingreso, y ello parte de despojar de riqueza a los que más ganan para supuestamente beneficiar a los que menos.

Este tipo de políticas que supuestamente reducen la desigualdad, llevaron a la creación durante varias décadas (hasta principios de los ochentas) del llamado estado de bienestar, un estado enfermizo, en donde el crecimiento económico era mínimo (ó hasta negativo), los impuestos muy altos y prevalecía un estancamiento agudo en el crecimiento del ingreso percápita. Los afectados en su mayoría, países desarrollados occidentales.

Los países desarrollados que abandonaron este esquema estatista (EU e Inglaterra, principalmente) regresaron a las altas tasas de crecimiento económico, a bajas tasas impositivas, al crecimiento en el ingreso percápita (dejando muy atrás a los países sometidos al estado de bienestar) y ojo, a registrar tasas de menor pobreza.

En América Latina predominó la política económica populista, esa de gobierno omnipresente en la mayoría de los sectores económicos, gobiernos gastalones y gastalones que sólo engendraron una monumental deuda, galopantes inflaciones, un ejército de burócratas parásitos y lo peor, millones de pobres. Otra vez, la idea era la de redistribuir el ingreso.

En cambio Asia (los tigres asiáticos-Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur) fue la región que sin dejar de tener detalles estatistas, apostó por el desarrollo agresivo capitalista, ese que aparejado por el respeto estricto de los derechos privados de propiedad, genera riqueza para todos. En un inicio, la fuerte inversión extranjera privada que registraron los llamados tigres asiáticos, conllevó a mayor desigualdad (algo que los pobretólogos con sus mediciones imprecisas como el coeficiente de Gini no ven), que en realidad significaba personas con más riqueza, pero ojo, también pobres menos pobres. Con el tiempo, la educación competitiva de estos países disminuyó la desigualdad, pero no por la vía tradicional de altos impuestos y agresiones a los derechos privados de propiedad.

Esto último es lo que olvidan los pobretólogos. La igualdad económica absoluta es una completa aberración. Cuba es menos desigual que México, pero en lo general es un país más pobre. La desigualdad económica es la semilla de la innovación, esa que se da producto de la aportación al conocimiento del capital humano.

EU e Inglaterra, y en general en la mayoría de los países anglosajones, las tasas de desigualdad tienden a ser muy altas, pero también las de innovación tecnológica y que se refleja en el número de patentes obtenidas y el número de premios Nobel recibidos. Los que obtienen ingresos más altos son más ricos respecto de los más pobres, pero ello obedece en buena medida a la educación recibida, a ala aportación del capital humano al proceso productivo (hoy interrumpida parcialmente con la crisis mundial que originó el Banco Central estadounidense). Pero cuidado con juzgar esto como mal. Los pobres también son menos pobres, y nuevamente ojo, cuentan con acceso a bienes de consumo-que no registra el ingreso ordinario- como el internet, la posesión de una computadora, teléfono celular ó ipod, y por supuesto, a mejores niveles de salud que se traducen en esperanzas de vida más largas.

En una palabra, los ricos son más ricos, pero los pobres son menos pobres también. ¿Qué tiene de malo esto? Acabar con los ricos-o joderlos con más altos impuestos- sólo termina perjudicando a los más, más pobres, que con menores tasas de inversión tendrán menos posibilidades de encontrar un empleo que les permita allegarse del bienestar necesario para reducir la pobreza.

Si los gobiernos quieren contribuir a la reducción de la pobreza, la salida no es la redistribución del ingreso-despojar a los ricos para dizque darle a los pobres- sino crear una atmósfera de protección sólida de los derechos de propiedad acompañada de bajos impuestos que atraiga cuantiosas inversiones productivas que generen oportunidades y empleos para los más pobres. No debe olvidarse, la manera de acabar con la pobreza es el crecimiento económico-no la redistribución del ingreso-, y ello sólo se da en el marco de respeto de los derechos privados de propiedad. Ahí está China, que pese a ser una dictadura comunista-con signos de capitalismo crony- respeta los derechos de propiedad, y ello le permite atraer año con año inversiones millonarias que han contribuido a que en la última década cerca de 300 millones de chinos abandonen la pobreza. Los chinos se dieron cuenta de que el comunismo, ese que abolió la propiedad privada, simplemente no era la salida. La utopía socialista y el mundo real no se llevan.
Desear que un país tenga un mínimo de desigualdad (ó peor aún, desear tener un país con igualdad absoluta) es castigar la creación y la innovación. En el margen, los gobiernos pueden proveer educación básica competitiva y permitir la existencia de universidades (sin las mediocridades de la gratuidad y el pase automático) que compitan agresivamente por atraer a los mejores estudiantes, un esquema sin lugar a dudas en donde prevalece el mercado y no el estatismo universitario- como en México. Los tigres asiáticos son ejemplo de ello, al contar con un muy buen sistema educativo básico y un sistema universitario exigente, no gratuito-sólo se otorgan créditos a los que probadamente son pobres- en donde acceder a la universidad no es fácil y sólo está reservado para los mejores.

Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua-y los que se acumulen- son países que con su socialismo del siglo XXI, avanzarán hacia una mayor igualdad, pero, y esa es la trampa socialista, una igualdad en donde el bienestar de todos será peor (excepto por supuesto el de los altos y corruptos burócratas socialistas), una igualdad forzada en donde los mejores emigrarán, una igualdad en donde la libertad es suprimida, una igualdad en donde la innovación tecnológica prácticamente desaparece, una igualdad que, como dije al inicio, será la de los jodidos. Qué tristeza pero hacia allá va el socialismo bolivariano.

La salida es más desigualdad aparejada de mayores oportunidades para todos y menos igualdad forzada que mata la innovación y reduce el bienestar de todos por igual. Lo indeseable es mayor desigualdad causada por el privilegio que el gobierno otorga a unos cuantos como sucede en México. Ojalá lo entiendan los gobiernos latinoamericanos y en particular el de mi patria, el mexicano.

miércoles, 24 de junio de 2009

EL VOTO NULO

El voto nulo ¡va!
En unas cuantas semanas el movimiento ciudadano espontáneo por anular el voto, como una protesta contra la partidocracia, ha crecido como una avalancha.
Es importante recodar: NO se trata de abstenerse, de no ir a las casillas. De lo que se trata es de anular el voto, escribiendo en las boletas leyendas como: ¡Libertad de expresión en radio y TV!, ¡No más diputados plurinomionales!, ¡Reelección de diputados!, , ¡Sí a candidatos independientes!, ¡Ni un peso a los partidos políticos!, ¡Basta /10!, ¡Seguridad ahora!, ¡No más impuestos!
Otra cosa por recordar es que hay es llevar sus propios marcadores, plumines o etiquetas ya escritas, pues las crayolas de las casillas no sirven para el propósito
Tercer punto a considerar: el 5 de julio es apenas el inicio de un movimiento ciudadano que deberá crecer y crecer hasta derrocar a la partidocracia y establecer una democracia genuina.

REFORMA 20 Jun. 09
La ola
Jaime Sánchez Susarrey
Uno de los efectos del voto nulo podría ser el de una escoba que elimine parte de la pedacera política que no tiene alguna función positiva y sólo sirve a sus intereses
No, no es cierto. El voto nulo no es una "jalada". Tampoco es verdad que tendrá efectos nulos. Se trata, en primer lugar, de un derecho y de una obligación. El ciudadano que no se siente representado ni simpatiza con ningún partido debe anular su voto. Las variantes son muchas: tacharlo todo, votar por un candidato independiente, dejarlo en blanco o inscribir una leyenda (¡Basta/10!). Todas expresan el hartazgo ciudadano y son completamente legítimas.
El efecto del voto nulo será completa y absolutamente tangible. Por una parte funcionará como un voto escoba. Los partidos pequeños deben obtener un 2 por ciento -o más- de la votación para mantener su registro. Ese porcentaje se calculará sobre el total de los votos emitidos -incluidos todos y cada uno de los votos nulos- el próximo 5 de julio. Por eso la anulación del voto hará más difícil que la pedacera conserve su registro y más de alguno desaparecerá.
Según la encuesta de Reforma (17/06/09), en esa tesitura están el Partido del Trabajo (3 por ciento de intenciones de voto), Convergencia y Nueva Alianza (2 por ciento respectivamente) y el Partido Socialdemócrata (1 por ciento). Para evaluar el efecto de esta depuración hay que referirse a dos datos: el Partido Verde, el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD absorben mil 309 millones de pesos de los 3 mil 633 millones que el IFE destina a los partidos. Y, además, ocupan 20 por ciento del tiempo oficial en los medios electrónicos.
Pero el efecto escoba del voto nulo va más allá del ahorro en los recursos públicos. La pedacera no tiene ninguna función positiva. Se trata, en todos los casos, de negocios corporativos (Nueva Alianza de Elba Esther Gordillo), familiares (el Partido Verde propiedad de los González Torres), caciquiles (Convergencia de Dante Delgado) o mafiosones (el PT de Alberto Anaya). Ninguno tiene un proyecto definido ni contribuye a la pluralidad democrática.
Por otra parte, el voto nulo tendrá un efecto sobre la partidocracia. En este caso, como se decía hace muchos años, el medio es el mensaje. La anulación del voto expresa, en sí, una crisis del sistema de representación. Pese a los ocho partidos existentes, hay millones de ciudadanos que se saben no representados y que están hartos de los abusos y la voracidad de todas las formaciones políticas, pero particularmente de las tres grandes. La clase política, o al menos los sectores más lúcidos, no podrá obviar ni subestimar ese malestar ciudadano.
La velocidad del contagio ha puesto ya la anulación del voto en el centro del debate político. Es importante, por lo mismo, medir las dimensiones del fenómeno. El padrón electoral está integrado por 78 millones de electores. Según la encuesta de Reforma ya citada, el 39 por ciento tiene la intención de votar el próximo 5 de julio, esto es, 30 millones 420 mil ciudadanos se presentarían en las urnas.
Y aquí viene lo verdaderamente importante: el 15 por ciento de esos votantes probables ha considerado anular su voto por no sentirse satisfecho con ninguno de los partidos políticos. Lo primero que salta a la vista es la dinámica del movimiento o, como ya dije, la velocidad del contagio. En mayo los anulacionistas sumaban un 10 por ciento. Nivel notablemente alto, porque nunca había habido un movimiento de esta naturaleza. Pero lo que tiene verdaderamente aterrada a la clase política es que en tres semanas se haya registrado un incremento del 50 por ciento.
¿De cuántos ciudadanos estamos hablando entonces? El 15 por ciento de los 30 millones que piensan acudir a las urnas equivale a 4 millones 563 mil electores. ¿Son muchos o son pocos? Si se les compara con los 25 millones 857 mil que votarían por algún partido no son demasiados. Pero semejante correlación deja de lado lo fundamental. Estos ciudadanos son jóvenes en su mayoría, están bien informados y han encontrado una vía para expresar su inconformidad.
El fenómeno no es menor ni tiene precedente. Hasta ahora internet ha sido el medio para tejer redes ciudadanas. De aquí al 5 de julio el movimiento podría expandirse aún más. La gran incógnita es si efectivamente estos ciudadanos saldrán a votar. Si lo hacen y la anulación del voto ronda el 15 por ciento, cimbrarán al sistema político. Será un pequeño tsunami. Ningún partido ni ningún político podrá cerrar los ojos ni los oídos. Por lo demás, es muy probable que la ola siga creciendo en los próximos días.
Por eso hay que repetir una y otra vez: es completa y absolutamente falso que el voto nulo tendrá efectos nulos. Quienes promueven esta idea están aterrados, quieren detener el movimiento, o se resisten a reconocer la realidad. La ola ya está aquí y va en aumento. El solo hecho de que el debate esté girando en torno de la anulación del voto constituye una victoria. Pero no es suficiente. El impacto dependerá de que el hartazgo ciudadano se manifieste y se concrete en las urnas. Por eso hay que acudir a las casillas y anular el voto.
La oportunidad es única. Sería imperdonable dejarla pasar. El voto nulo es el instrumento de un movimiento civil, pacífico y responsable. Está al alcance de todos y cada uno de los ciudadanos. No hay que desperdiciarlo. Hay que dar el primer paso este 5 de julio para marcar, luego, la agenda de la nueva reforma electoral.
El objetivo es claro: limpiar la casa, acotar a la partidocracia, abrirle cauces a la participación ciudadana y defender el derecho a la libertad de expresión e información. Parafraseando a José Martí deberíamos decir y escribir por todas partes: ésta es la hora de los ciudadanos y no habrá de verse más que luz.
(Visita la página www.basta10.com).

domingo, 19 de abril de 2009

EL NARCO, LA VIOLENCIA Y EL TRÁFICO DE ARMAS

Se fue de México el Presidente estadounidense Barack Obama (en su primera visita como Presidente) y al parecer problemas fundamentales como el narcotráfico y la violencia que trae aparejada seguirán latentes en los próximos años. Y es que no se entiende que esto no se arregla con promesas y “palmaditas” (ya que la palabreja se puso de moda, aprovecho y la utilizo).

La prohibición no sólo no ha logrado disminuir el consumo de drogas, sino que ha acelerado de manera violenta los asesinatos entre narcos y de policías tanto corruptos como honestos. Y lo peor, a veces han sido agredidos también víctimas inocentes.

Es muy común citar a la ciudad de Chicago en los años treintas del siglo pasado para demostrar que la legalización de la droga, si bien no terminó con el consumo de la misma, sí acabó con los crímenes violentos. La razón: al legalizarse el alcohol, se derrumbó su precio, pues además de aumentar los oferentes, bajó el enorme costo que era el riesgo de comerciar el mismo. Pero para demostrarlo no tenemos que irnos tantos años atrás.

Ya nadie recuerda a la Ciudad de Nueva York en los años ochentas. Además de tener el índice delictivo-en ese momento-más alto del mundo, estaba lleno de ejecuciones producto del narcotráfico (datos de la policía de esa Ciudad tenían estadísticas que demostraban que de los asesinatos cometidos, un 25% estaba relacionado con las drogas, especialmente entre jóvenes de la raza negra).

¿Cuál era la causa de que buena parte de los crímenes cometidos en Nueva York estuvieran relacionados con el tráfico de drogas? Como lo ha demostrado el economista de la Universidad de Chicago, Steven Levitt, lo que inicialmente desató la violencia por drogas en dicha ciudad fue el precio super atractivo de una droga llamada crack. Y cuando decimos super atractivo, nos referimos a que era muy rentable entrar al comercio de crack; valía la pena para muchos jóvenes negros sin educación correr el riesgo de ser arrestado y/o asesinado. Con mucho, las ganancias compensaban el riesgo de vender crack.

Aunque los que realmente se enriquecían eran los líderes distribuidores de crack, la alta rentabilidad daba un poderoso incentivo a los jóvenes comerciantes de crack de bajo perfil para incluso asesinar y llegar lo más rápido posible a la cima del negocio.

¿Cuándo declinaron de manera impresionante los crímenes por crack? El precio de la cocaína-bien sustituto del crack- llevaba años descendiendo y a medida que aumentaba la oferta de crack, el precio caía y las ganancias se desvanecían. Los traficantes de cocaína y crack emprendieron una verdadera guerra de precios, que llevó al derrumbe en las ganancias por la venta de crack. Muchos jóvenes que comerciaban crack vieron que no era ya atractivo “jugarse el pellejo”. No valía ya la pena matar a alguien para robarle su territorio de comercio de crack y menos aún morir por esa causa.

Ojo, aunque el crack no se legalizó, el derrumbe de precios desincentivó a proseguir matándose por un producto barato.

Durante varias administraciones priístas en México, el comercio de drogas fue ampliamente tolerado, por lo que los productores no corrían grandes riesgos y podían vender con facilidad drogas duras y blandas a consumidores en EU. Ello sin duda condujo a precios bajos para los consumidores. Asimismo, los crímenes violentos eran mucho menores y no acaparaban la atención de los medios de comunicación. Pero, ¿qué ocurrió en épocas de duros golpes de las autoridades al comercio ilegal de drogas? Economía elemental amigo lector; a menor oferta, mayores precios. Todo bien escaso trae aparejado el alza en su precio. Así que aún cuando caía alguno que otro importante capo, inmediatamente se llenaba su lugar. Asimismo, el alza en las ganancias incentivaba de manera poderosa a muchos jóvenes mexicanos sin educación-también a no pocos campesinos pobres-a dedicarse al comercio de drogas. De ahí que el problema no radica en la producción (ojalá lo entiendan algunos testarudos), sino en el consumo. Es el consumo la etapa final del proceso económico, y es a través de los precios que envía señales a los productores de que es atractivo seguir ofertando determinado bien, y la droga no es la excepción.

Por supuesto, los narcos también razonan como empresarios y cuando ven que se dispara demasiado el precio de una droga, segmentan mercados, es decir, no dejan de proveer de droga cara a por ejemplo, jóvenes de Beverly Hills, sino que innovan y crean drogas sintéticas baratas, pero incluso más peligrosas y letales que las no sintéticas.

En los dos primeros años de Calderón como Presidente, el decomiso de toneladas de droga ha nuevamente disparado los precios de drogas como la cocaína original, lo que prosigue incentivando a comerciar droga ilegal, y peor, a un alza en los índices de criminalidad.

Legalizar las drogas no traería como objetivo el reducir el consumo, sino en disminuir la violencia entre narcos y que a veces ya afecta a la población civil inocente, así como en bajar el alto riesgo para los consumidores de droga que sin regulación alguna, muchas veces no saben lo que se meten al organismo.

Al legalizar el mercado de drogas, inicialmente se atrae a mucho más productores, pero en el mediano plazo los precios se derrumban pues a mayor oferta-y menor riesgo de intercambiar- menores precios, lo que implica que muchos narcos tengan el incentivo a dedicarse a otra cosa. Ojo, por que algunos periodistas bisoños ven en esto un problema. ¿Qué pasa si los narcos al ver que ya no vale la pena arriesgarse en el mercado de drogas deciden dedicarse al secuestro, como de hecho ya ha pasado? Hay una enorme diferencia, pues en el comercio de drogas, los narcos “satisfacían” necesidades de consumidores enfermos. En el secuestro no, y con una policía eficiente (como en su momento lo fue la AFI), se puede bajar de manera importante el número de los mismos. Imagine el lector ¿qué no podría hacer el gobierno si en vez de dedicar 10 mil millones de dólares a la construcción de una refinería-que bien podría ser construida enteramente con dinero de inversionistas privados- lo asignara al fortalecimiento y profesionalización de las fuerzas policiales?

Ya antes lo hemos expresado en este espacio, para bajar el consumo de drogas la prohibición No es la solución. Tampoco la legalización. Para bajar el consumo de drogas lo fundamental es la educación, y ello antes que al gobierno compete a los padres de familia. Más haría el gobierno dedicando sus recursos millonarios-que año con año crecen-para combatir el narco, si los asignase a campañas masivas en los medios de comunicación que adviertan a de los peligros de consumir drogas. Habría más campañas (efectivas y de buen gusto y no como las que hoy predominan en radio y t.v de políticos haciendo proselitismo de sus populismos y que para ello a veces usan a actrices guapas), menos drogadictos (aunque ello pasa, insisto, por los padres), y sobre todo menos sangre derramada.

Legalizar no es libertinaje, legalizar es poner reglas claras a un mercado que hoy además de ser negro es sangriento. Legalizar es prohibir que niños consuman drogas. Legalizar es castigar ejemplarmente a quien no respete las reglas y envenene a niños y consumidores adultos (sí, es cierto, la adicción a las drogas es finalmente veneno con el tiempo, pero no se compara con el efecto de muerte instantánea que provocan algunas drogas sintéticas al mezclarse con el alcohol; una droga legal que no mate de manera instantánea, da oportunidad al consumidor enfermo de que se cure de su adicción).

Por cierto, vaya también las tonterías que han surgido para que el gobierno de Obama prohíba el comercio legal de armas. En Estados Unidos ya hay un floreciente mercado negro de armas. No por que el hecho de un arma haya entrado desde EU, implica que haya sido producida en ese país. En EU opera también la mafia rusa, y varios tipos de armas vienen de Rusia y son comercializadas ilegalmente y terminan en manos de narcos mexicanos. Cualquier economista competente debe saber que prohibir el intercambio de una mercancía-las armas-en un mercado negro floreciente, sólo le haría el juego a los fabricantes de armas, que ahora tendrían nuevos incentivos de oferta al ver crecer sus ganancias espectacularmente.

La primer ley (1993) que intentó en EU “poner orden,” al mercado de armas fue la Ley Brady, que consistía no en prohibir, sino en controlar su consumo mediante el estudio de antecedentes penales del consumidor, llenando un formulario y esperando un tiempo para recibir la aprobación de compra. Esta medida que le gustó mucho a los políticos estadounidenses, sirvió para un cacahuate. En un mercado negro floreciente, que ofrece armas baratas y fáciles de conseguir, no hay incentivos para los delincuentes a llenar un “trinche” formulario y esperar una semana para recibir el producto deseado.

Los ejemplos son múltiples amigo lector, las prohibiciones-ó regulaciones que entorpecen los intercambios- no funcionan. Las prohibiciones sólo hacen más poderosos a los productores que actúan en los mercados negros, y los narcos no son la excepción.

Veo que aún los estadounidenses-lo que incluye a su gobierno- no le entienden al tema, y probablemente pasarán otros años más para comenzar a tomar las medidas adecuadas. México no debería esperarse este tiempo. Mucho haría para desalentar-no acabar- el narco, si hace que suba el empleo y rentabilidad de otros mercados legales-y de menor riesgo- y ello pasa por mejorar el régimen de inversión (cambiar a los obsoletos artículos constitucionales 27 y 28 que estúpidamente inhiben la inversión privada en los sectores estratégicos, que precisamente por serlos no deberían estar en manos del gobierno sino de particulares) y aumentar con ello la libertad económica.

Más progreso lograríamos los mexicanos con mayor libertad económica que insistir tercamente en la prohibición de drogas y armas. Más progreso con mayor libertad económica y lo mejor, menos derramamiento de sangre.


LA ECONOMÍA FICCIÓN



La borrachera monetaria de EU, definitivo, la terminarán pagando tanto los estadounidenses como el resto del mundo. Ello se traducirá en mayores impuestos, mayor inflación y menor crecimiento económico. Es el costo de la economía mentirosa, la economía ficción.

Ahí están las conclusiones de la reunión del Grupo de las 20 economías más grandes del planeta (G-20). Mucho me temo, estas avanzan hacia un mayor estatismo, tal como lo desea el Presidente francés, el estatista Nicolás Sarcozy que exigió (junto con su colega la estatista Merkel) la abolición del llamado consenso de Washington. ¡Muera el neoliberalismo! Clamaron estos jefes de gobierno.

Vaya, como si ese consenso fuera realmente liberal y el causante de la crisis mundial.

Hay que recordar un poco de historia para realmente apreciar la estupidez de los que piensan que este debe ser el fin del “neoliberalismo.” Recordemos brevemente qué fue el patrón oro, para entender que lo que hoy proponen los líderes del G-20 es proseguir con una economía ficción.

El patrón oro que imperó desde finales del siglo XIX (entre 1880 y 1914), se distinguía por tres condiciones:

1) La oferta monetaria (los billetes y monedas que circulan de su bolsillo a otro, amigo lector) de cada nación estaba compuesta por oro ó papel moneda respaldado por el mismo metal.

2) Cada nación que se adhería al patrón oro, definía el precio del mismo en términos de su moneda nacional y estaba dispuesta a comprar y vender oro a ese precio.

3) Las naciones permitían la libre exportación e importación de oro. En estas circunstancias, la oferta monetaria de una nación estaba directamente atada a su balanza de pagos, que es la balanza que resume todas las transacciones que una nación hace con el resto del mundo en un año; ello incluye la abalanza comercial-exportación/importación de mercancías-, la de servicios-exportación/importación de servicios- y la de capitales-exportación/importación de activos.

La nación con un superávit en su balanza de pagos adquiría oro, lo que le permitía expandir directamente su oferta monetaria. Por el contrario, ante una balanza deficitaria, la nación vendía oro, lo que le permitía disminuir la oferta monetaria.

El patrón oro imponía disciplina monetaria a las naciones. Sólo podían “crear” papel fiduciario-eso son los billetes- si estaba respaldado por mayores transacciones, y en cambio, si disminuía el intercambio con el resto del mundo, la nación era menos rica y por tanto sería ficticio tener más papel moneda no respaldado por transacciones reales, por lo que se debía proceder a eliminar el circulante sobrante.

Ah, pero desgraciadamente, la política se impuso a la economía, y para los gobiernos era incómodo enfrentar a las variables económicas reales (si había menos ahorro, ello se debería traducir en menores inversiones y viceversa) pues ello implicaba pérdida de votos, pérdida de poder. Así, los políticos lejos de crear atmósferas institucionales que incentivaran la creación de riqueza, y por tanto de ahorro y de inversión, se dedicaron a destruir el patrón oro y se apoderaron total y perversamente de la imprenta de hacer billetes.

El patrón oro, hoy menospreciado, tuvo importantes funciones en la historia, como la de servir de unidad de cuenta y de reserva de valor aún en los peores momentos de las naciones como guerras ó revoluciones.

Lamentablemente la crisis de 1929, satanizó y echó toda la culpa al patrón oro de la debacle económica (además claro de la satanización del libre mercado), cuando, como lo demostró Milton Friedman y Anna Schwartz, la culpable fue la Reserva Federal (el banco central gringo) con sus diversas pifias monetarias, como la de disminuir la oferta monetaria, en tiempos en que de acuerdo al patrón oro, debía haberse aumentado.

El volver al patrón oro, es cierto, requeriría de un nueva y compleja arquitectura financiera, lo que implica tiempo y esfuerzo que difícilmente los políticos querrían realizar.

En vez de hacer que las variables de la economía reflejen su valor real, los políticos se inclinan mejor por la economía ficción, sí, esa economía sustentada en variables cuyos valores numéricos-precios- son falsos. Así las cosas, los políticos nos engañan con tasas de interés artificialmente bajas, con cantidades enormes de dinero que no reflejan la riqueza real, y claro, con mucha y mucha verborrea.

La actual crisis que comenzó en EU fue provocada directamente por la FED-Reserva Federal- al mantener artificialmente muy bajas las tasas de interés y luego subirlas abruptamente (y esta historia se volverá a repetir con las actuales tasas de prácticamente cero que la FED ha actualmente fijado).

La actual crisis parece ver su terminación, pero ello será para evolucionar en inflaciones de dos dígitos, especialmente en EU.

La conclusión de la reunión del G-20, lejos de ser la solución a la crisis actual, sólo propone engordar aún más a esos elefantes blancos, como son la burocracia internacional que encarnan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Eso sí, ya se decidió en el contexto de la economía ficción dotar de más y más dinero al sistema monetario internacional (se aprobó un billón de dólares que irán a parar a los elefantes blancos internacionales y de ahí supuestamente a las naciones).

Lo único que espero de estas medidas es un mayor dispendio fiscal y endeudamiento (eso es lo que históricamente ha ocasionado el FMI al incentivar el riesgo moral, el abandono de la responsabilidad financiera).

Eso sí, en materia de comercio internacional, puro bla-bla. En el discurso se habla de libre comercio, pero en la práctica el proteccionismo crece.

Y lo peor, se pretende crear todo un entramado burocrático en los sistemas financieros, desde prohibir los “paraísos fiscales” (quiero ver que harán aquí, ¿le declararán la guerra a Luxemburgo ó a las Islas Caimán? Vaya aberración. Ó si se imponen sanciones a los paraísos fiscales, vaya violación a la soberanía de cualquier nación a diseñar sistemas fiscales que atraigan inversiones) hasta crear nuevos elefantes blancos que dizque supervisarán los riegos sistémicos.

Francamente no esperaba el regreso al patrón oro, pero al menos conclusiones serias.

Conclusiones serias habrían sido la de acordar la eliminación-con calendario en mano-inmediata de los multimillonarios subsidios y aranceles agrícolas que EU y la Comunidad Europea otorgan a sus parasitarios agricultores. Otra conclusión seria, por supuesto, habría sido exigir el alto a EU de su producción monetaria sin respaldo alguno y ello pasaría por que EU revisase una de los mandatos de su banco central, el del crear dinero sin ton y son que periódicamente meten al mundo en recesión.

Por supuesto, una conclusión seria también habría sido el impedir que los gobiernos se vuelvan socios y rescaten vilmente con dinero ajeno-de los contribuyentes- a las empresas mediocres que quiebran.

Finalmente un llamado serio habría sido el de diseñar entornos institucionales que mejoren el régimen de inversión, tal como serían reformas laborales que flexibilicen la contratación y despido de los trabajadores (un entorno que proteja a las personas que pierden la chamba no a los empleos improductivos).

Pero no, y tal como siempre tememos los liberales, estas crisis terminan siempre por alentar el estatismo. La historia es la historia y desgraciadamente la economía ficción se impone. Tenemos mucha chamba los liberales para educar a la gente, a crear un escudo contra los políticos demagogos. En fin que ese es un consuelo personal.

Hay señales hacia la recuperación, pero el escenario futuro se asociará a más regulación burocrática, y lo peor, lo que afecta a los más pobres, el regreso de las inflaciones crónicas.






lunes, 2 de marzo de 2009

Algunas preocupaciones mon etarias y fiscales

Si alguien dudaba aún sobre la “latinoamericanización” de EU, sólo hay que ver las cifras presupuestales que envío el Presidente Obama al Congreso. Obama presentó su primer presupuesto, que prevé un déficit de 1.75 billones de dólares, así como un gasto de 3.55 billones para el ejercicio fiscal 2010.

Asimismo, el déficit fiscal se dispara a un nivel histórico y escalofriante, y se espera que se sitúe más en poco más del 12% del PIB.

Aunque Obama ha declarado su preocupación por corregir el gigantesco desequilibrio fiscal, francamente no veo cómo. Preocupante la actuación bananera del gobierno estadounidense. Por el momento una salida será que los chinos prosigan confiando en el dólar y así financiando el gigantesco boquete de las finanzas públicas del gobierno estadounidense. Pero no bastará, y para desgracia, es muy probable que el gobierno de Obama termine por anunciar alzas pronunciadas en impuestos. Una vez más se confirma, lo que gastan y gastan los gobiernos hoy, son deudas que mañana dolorosamente tendrán que pagar las siguientes generaciones. La resaca en su máxima intensidad.

En el caso monetario, cuidado, también veo focos rojos. Aunque el Presidente de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, ha declarado que detendrá la expansión monetaria en el momento en que ésta sea inflacionaria, cuidado, por que veo a la autoridad monetaria estadounidense medio confiada. La “maquinita” de hacer billetes ya fue echada andar a lo “bestia.” Si el lector es especialista, puede checar el crecimiento exponencial que en los últimos años han tenido los agregados monetarios de EU. Una sugerencia es visitar la siguiente página de la FED http://www.newyorkfed.org/aboutthefed/fedpoint/fed49.html

Al día de hoy están rotos los llamados mecanismos de transmisión de la política monetaria. Es decir, la autoridad monetaria emite y emite dinero y éste no parece afectar, de momento, a la demanda agregada. Así, los nuevos dólares que la FED ha lanzado sin ton y son al mercado, simplemente no son gastados por los consumidores ni utilizados por los bancos comerciales para otorgar más créditos. Obvio, la desconfianza y el endeudamiento reina en la economía estadounidense y la FED no puede hacer nada.

Ahora bien, esto es temporal, y hay evidencia empírica contundente sobre los efectos retardados de la política monetaria sobre el accionar de los agentes económicos. Si en determinado momento pasa lo peor, se conoce con exactitud la pérdida que han dejado los “activos tóxicos,” la respuesta en demanda agregada a mediano plazo podría ser violenta, y nuevamente, obligar a la FED a subir sus tasas. Este sería un escenario de hiper inflación con estancamiento económico. Yo como economista estoy fascinado por atestiguar-y comprobar las tesis en las que creo- en vida cómo no es el crecimiento de dinero, la inyección monetaria, lo que causa el crecimiento económico. Pero como ser humano, mi sentir es de preocupación, por ver tantas pérdidas y desgracias financieras de millones de personas.

Ojalá que en esta crisis se entierren las viejas teorías que ven al dinero cómo un factor de crecimiento.

Ojalá que de una vez por todas se entienda que el dinero en Estados Unidos-y cualquier otro país- es únicamente deuda. Los depósitos a la vista son la deuda de los bancos comerciales y las instituciones de ahorro. La divisa es la deuda de la Reserva Federal. Ninguno de estos elementos tiene un valor intrínseco y tampoco es “respaldado” por una mercancía como el oro. Lo que realmente da al dinero su valor es la combinación de diversos factores. Siempre que los miembros de una sociedad acepten el dinero como instrumento de cambio, éste tiene valor. Los ciudadanos aceptarán el dinero a cambio de bienes y recursos mientras sepan que a su vez pueden utilizarlo para comprar otros bienes y recursos. El factor determinante del valor del dinero es la oferta y la demanda del mismo. Dada la demanda de dinero, la oferta determinará el valor o el poder adquisitivo del mismo. Mediante el control de la cantidad de dinero de los depósitos que pueden crear los bancos comerciales y las instituciones de ahorro, el Sistema de la Reserva Federal puede influir en la cantidad de dinero en circulación y por lo tanto, en su valor.

Si la FED no cumple con su papel de procurar liquidez con estabilidad, entonces su papel se pervierte y se vuelve un “destructor” del valor del dólar. De hecho, quienes pensamos que los bancos centrales deben eliminarse, lo hacemos por la evidencia histórica de que desde que existen los bancos centrales-como la FED- las monedas únicamente se han depreciado por las actuaciones erradas en política monetaria. Éste también es el caso de México.

Más vale que las autoridades estadounidenses no le falten el respeto a los acreedores de EU, que confían aún en el billete verde. Por el bien del mundo más vale que así sea.

La tenencia

Con completa y agradable sorpresa recibí la noticia sobre la propuesta de eliminación de un impuesto infame, inmoral e ilegal que es el de la tenencia vehicular. Ojalá luego no se me rajen en el Congreso sobre esta medida que todos los usuarios mexicanos de autos deseamos. ¿Quiénes se opondrán ferozmente? Tal como lo expresé la semana pasada, los gobiernos populistas como el de Marcelo Ebrard. Ahí está ya chillando. Ya veremos cuantos más se le unan a su miserable causa.

miércoles, 28 de enero de 2009

Japón, una lección para Obama

Durante varias décadas, posteriores a la segunda guerra mundial, Japón creció espectacularmente a tasas promedio del 10%, lo que llevó a este país, ya a finales de la década de los sesentas, a ser considerado una nación desarrollada. ¿Cuál fue la clave del éxito de Japón? No hay misterio, la razón fue el reconocimiento de la propiedad privada, amplias inversiones y una política agresiva en materia de formación de capital humano.

¿Cuál fue entonces la causa del inicio de la terminación del boom japonés? Muchos analistas y académicos aún creen que como se trata de una nación que alcanzó el desarrollo económico, entonces el mayor stock de capital empieza a presentar rendimientos decrecientes, lo que le pega al crecimiento económico. Si revisamos la historia reciente de Japón, veremos que esto no es cierto.

La historia del capitalismo japonés debería ser seguida muy cercanamente por el Presidente Obama, para entender que la principal causa del fracaso económico-o en su caso las bajas tasas de crecimiento económico- son resultado de la interferencia estatal, que vía subsidios y gasto público deficitario intenta “planificar” el desarrollo económico.

La realidad es que aunque en Japón prevalece la propiedad privada, el sistema de precios jamás ha funcionado adecuadamente, pues ha sido interferido durante muchos años por el gobierno.

El primer precio intervenido fue el de las tasas de interés, que durante los años ochentas del siglo XX, y vía políticas monetarias expansivas (como las de EU a inicios de este siglo), crearon un ambiente de crecimiento artificial, no basado en los consumidores, sino en las inyecciones crecientes de dinero del banco central para “estimular” la demanda agregada (ah, como me recuerda esta frase a Calderón). La borrachera económica acabó a finales de los ochentas y los años noventas del siglo pasado significaron una espantosa resaca que implicó estancamiento económico profundo para Japón.

Los consumidores japoneses siempre han jugado un papel marginal en la asignación de recursos. En Japón el libre sistema de precios nunca ha sido relevante en la asignación de recursos entre consumo e inversión. La economía japonesa fue la última en desafiar las leyes del mercado y creer en la planificación, para lo que contaban con muchos más planificadores que los países socialistas. Pero el resultado estaba decidido de antemano. Sin un sistema de precios, incluido por supuesto el precio del dinero y del yen, no se puede saber qué ahorrar, qué invertir y cuándo hacerlo.

Durante diez años el gobierno japonés se ha negado a aceptar que su problema es el agotamiento de un sistema planificado y la ausencia de un sistema de precios libres y ha pretendido resolver la depresión con bajos tipos de interés y gasto público. En Japón el sistema empresarial-conglomerados poderosos- siempre han estado de la mano del gobierno, que vía su ministerio de economía, deciden la asignación de recursos. A esto hay que sumarle la corrupción descubierta hace unos años entre funcionarios del gobierno y banqueros para hacerse “autopréstamos,” lo que implicó que el sistema financiero japonés se cimbrara y le pegara a ahorradores y al crecimiento económico.

El resultado ha sido una catástrofe, porque a la crisis inicial hay que sumar la fiscal. De tener unas finanzas públicas ejemplares, la deuda pública japonesa ha pasado a representar el 130% del PIB, sin que nada permita suponer que el estado de las finanzas públicas vaya a mejorar.

La razón de por qué el gasto público japonés (con déficits públicos en torno al 8% del PIB anuales) no ha funcionado es la respuesta de las familias y consumidores, que no se creen la política económica del gobierno, que saben que el conglomerado gobierno-grupos empresariales-bancos-empresas industriales y de servicios sigue vivo y distorsiona la toma de decisiones y que, por tanto, la crisis financiera es inevitable. Ello se traduce en empresas privadas que no invierten y, sobre todo, en consumidores desconfiados que no quieren gastar.

El nuevo Presidente estadounidense-por lo menos en el discurso- planea sacar del hoyo a la economía de EU vía el gasto público. Planea “crear” tres millones de empleos vía mayor endeudamiento. ¿El cómplice? La reserva Federal (FED). Con el keynesianismo de Bernanke, la FED no dudará en seguir emitiendo dólares, sin respaldo alguno, para proseguir comprando bonos del Tesoro. Ello es mejor camino hacia la hiperinflación y derrumbe del dólar.

La lección de Japón indica que ante finanzas públicas deficitarias y un endeudamiento alto acompañado de política monetaria acomodaticia (probablemente con la crisis, y de persistir el plan de Obama de mayor gasto público, la deuda estadounidense podría acercarse peligrosamente al 100% del PIB), no funciona como estrategia para la recuperación de las economías.

Al principio de la década de los setenta, ni los gobernantes ni la mayoría de los economistas preveían la gravedad de la crisis económica de EU; tampoco se podía conocer con certeza que la crisis se manifestaría de manera diferente a las del pasado. La excepción fue Milton Friedman con su famoso discurso en la Asociación de Economistas de Estados Unidos en diciembre de 1967, en donde predijo que si se continuaba usando la política monetaria para promover el pleno empleo, el resultado sería una inflación más alta, y no descendería la tasa de desempleo, es decir, al final se tendría más inflación y desempleo (estanflación). El tiempo le dio la razón a Friedman, y la consecuencia fue la terrible estanflación de la era Carter.

Al igual que Freidman, quien esto escribe no es mago ni brujo, simplemente un seguidor y aprendiz de historia económica. Si Obama y sus asesores económicos ignoran la historia, entonces seguro se repetirán los mismos errores de Carter (aunque yo me temo que podría ser más grave, pero es mi apreciación personal). Aquí lo terrible es que para el mundo esto también se traduce en pobre crecimiento económico, lo que puede llevar al regreso y/o consolidación de los mesianismos como el de Chávez, Castro y Morales.

En esta crisis la estrategia ha sido seguir la receta de economistas keynesianos como Krugman y Stiglitz. La historia demuestra que estas no funcionan. Sin embargo, a los gobiernos-entre ellos el de Calderón- les fascina creer que pueden nadar contra el mercado. Craso e ingenuo error.

Japón y la era Carter son evidencia que Obama no debe desdeñar. La estrategia correcta debe ser menos Gobierno, más ahorro y más producción que son las recetas correctas para salir de la crisis. Sin embargo, los planes de Obama van en la dirección contraria: más gasto público y endeudamiento, cuando la economía estadounidense sufre un exceso de ambos.

Si Obama perisite en su plan, entonces el extraordinario hecho de ser el primer presidente estadounidense negro, será lo que menos recuerde-y quiera recordar- EU y el mundo.

martes, 6 de enero de 2009

La expoliación monetaria

Un banco central tiene dos caminos para estimular la demanda agregada (la demanda de todos los agentes económicos a un nivel determinado de precios).

Uno de ellos es mediante la inyección de liquidez (compra de bonos); también puede hacerlo vía aumentos en el crédito interno neto a los bancos comerciales y al gobierno; y finalmente, puede comprar acciones de bancos en problemas, lo que también alimenta la liquidez. La segunda forma es alterar la llamada preferencia de la liquidez del público y ello es posible mediante rebajas en la tasa de referencia (no confundirla con la tasa de mercado que cobran los bancos comerciales; esta es un instrumento de política monetaria que en teoría varía en función del ciclo económico).

La Reserva Federal, el banco central norteamericano (la FED), ha intervenido en esta crisis financiera en el mercado de dinero haciendo una combinación de las formas arriba señaladas. A veces ha inyectado dinero directamente (vía operaciones de mercado abierto), a veces ha comprado acciones como lo hizo con City Group, a veces ha abierto líneas de crédito al gobierno (le compra bonos del tesoro) ó apoya financieramente a entidades patrocinadas por el mismo como las sociedades hipotecarias Freddie Mac y Fanny Mae, y por último, en los últimos meses ha instrumentado una política agresiva de rebaja en la tasa de referencia (el precio del crédito que la FED le cobra a los bancos comerciales para dotarlos de liquidez y con ello puedan realizar sus operaciones con normalidad)

Cuando un banco central abusa, e inunda de moneda a una economía, el resultado es inflación (lo que expolia a los consumidores), la cual se explica por aumentos constantes en la demanda agregada ocasionados por el exceso de liquidez. Aquí la evidencia es contundente. Me sorprende que aún haya algunos economistas que duden de esta causalidad. Me sorprende que haya economistas que nieguen la expoliación monetaria que los bancos centrales hacen sobre los consumidores.

¿Por qué Bernanke ha abusado de la política monetaria expansiva y aparentemente no hay secuelas inflacionarias? Sencillo, estamos hablando estrictamente de efectos de corto plazo. La caída en el precio del petróleo y de los de los granos, así como el endeudamiento y la desconfianza del consumidor norteamericano promedio, ha contenido a la demanda agregada. Pero cuidado, esto es sólo temporal.

Algunos economistas deben actualizarse (ó al menos desempolvar sus libros de teoría monetaria) y no olvidar que los mecanismos de transmisión de la política monetaria (los efectos de la misma sobre la demanda agregada), además de ser complejos, llevan varios meses antes de que comiencen a sentirse. Por tanto, la aparente “deflación” en la economía norteamericana es no sólo pequeña, sino sobretodo pasajera y se invertirá a mediados del año que viene, pues la gente tendrá más medios de pago en sus manos (en un contexto en donde el PIB está cayendo), lo que hace imposible la existencia de una verdadera y peligrosa deflación como sucedió en los años veinte del siglo pasado.

Los economistas como Bernanke, y los neokeynesianos que le acompañan, son soberbios y creen que un burócrata iluminado puede mover al antojo las verdaderas preferencias de la liquides del público, creen que pueden artificialmente fijar el nivel real de las tasas de interés. Les falta estudiar un poco más de economía política e historia económica y dejar de abusar de la teoría económica de librito de texto, en donde es bien fácil manipular las tasas de interés tanto en el mercado de dinero como el de bienes. Tristemente, en la mayoría de las aulas de los estudiantes de economía, se sigue enseñando el esquema IS-LM. Bernanke, Krugman, Stiglitz y compañía, han sido víctimas de este engaño macroeconómico. Muy bien les haría repasar a los clásicos de la ciencia económica, y por supuesto, a la escuela austriaca de economía.

Deberían de leer (ó releer en su caso) a gigantes de la economía de la talla de David Hume. De acuerdo a Hume, las variaciones de la oferta monetaria afectan a las variables nominales, pero no a las reales. Pongámoslo en términos sencillos. Cuando el banco central duplica la oferta monetaria, el nivel de precios se duplica, incluyendo al precio del factor trabajo, el salario. Pero estamos hablando en términos nominales. La cruda realidad es que variables reales como la producción, el empleo, los salarios (que para los trabajadores lo importante es suba el poder adquisitivo, y ello sólo es posible si sube el salario real y no el nominal que no descuenta la inflación existente) y los tipos de interés reales No varían. A largo plazo el dinero es neutral, es decir, no ejerce efecto alguno sobre variables reales. Esto es lo que le cuesta trabajo aceptar a los neokeynesianos que se dejan llevar por la econometría cortoplacista en donde el dinero aparece como no neutral (los cambios monetarios sí tendrían efecto sobre las variables reales).

La mejor política monetaria es aquella en donde la liquidez aumenta conforme aumentan las transacciones de los agentes económicos. Así las cosas, la política monetaria no debe tener como función el sacar del hoyo a las economías como lo pretende Bernanke, sino preservar el valor del poder adquisitivo de la moneda que propicie un ambiente estable en los negocios para que la economía pueda crecer.

Lamentablemente el mandato constitucional de la FED de preservar el poder adquisitivo, se acompaña de otro perverso, fruto del desastre de 1929, que es el de mantener a toda costa el crecimiento económico. Así, el ciclo económico se ha peligrosamente empatado con el contexto político-electorero, en donde la expansión del crédito de la FED en más de una ocasión ha respondido a las presiones de los políticos de mantener inundada de dinero a la economía para que la gente no se de cuenta de las pifias burocráticas. Al final sucede, la gente puede hasta perder la chamba, pero es más fácil culpar de esto al “capitalismo salvaje,” a “la globalización,” al “calentamiento global” ó a las “ambiciones despiadadas de las trasnacionales.” Para la gente puede más el análisis ramplón que el riguroso. De eso sacan jugo los políticos y uno de sus instrumentos favoritos son los bancos centrales.

No se entiende, el crecimiento es producto de que las empresas generan riqueza en un contexto de estabilidad de precios. El problema es por el lado de la oferta agregada, no por el de la demanda. Querer tercamente que la política monetaria estimule el crecimiento económico es sólo una vil mentira, una manera de drogar monetariamente a la economía. Al final los ciudadanos pagan la resaca.

Bernanke ha expresado que ahora es el turno de la política fiscal. No sé, con un déficit fiscal que al cierre de este año se estima cerrará en cerca de 10%, ¿De donde sacarán recursos? ¿Más impuestos? Pueden hacerlo expoliando a los consumidores propios y del resto del mundo, pero es muy arriesgado, pues la confianza en el dólar en medio de una estanflación sí podría verse mermada. Por lo pronto, Obama, ya anuncio que gastará cerca de un billón de dólares para “estimular” a la economía. Si ese es el camino, regresaremos a los años de Carter, en donde inflación, desempleo y nulo crecimiento económico estaban a la orden del día. La única esperanza que albergo es sobre algunos de los asesores de Obama.

Ya veremos el próximo año. Por lo pronto el horizonte se ve negro. Aún así, felices fiestas navideñas amigo lector.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Prostituyendo al capitalismo

El hecho de que empresas privadas, verdaderos gigantes trasnacionales, pidan al gobierno estadounidense que las rescate no es más que el veneno marxista que liquida y prostituye a los mercados libres. Desde hace varias semanas las empresas principales automotrices de EU están cabildeando en el Congreso el recibir un crédito millonario para “sobrevivir.” Hasta el momento de escribir este artículo, el gobierno norteamericano ha respondido con escepticismo e incredulidad. Ojalá no se traguen el cuento de las automotoras.

En alguna ocasión un manager leyenda de Chrysler, Lee A. Iacocca, redujo su salario anual a 1 dólar (se trataba claro de un acto simbólico), y pidió al resto de ejecutivos y trabajadores de la empresa que ajustaran y sacrificaran parte de sus salarios para salvar a su empresa. Se inició una reestructuración que al menos en los años ochentas, salvó a la empresa (Iacocca es el padre de la Minivan que levantó las alicaídas ventas del consorcio automotriz) y la puso nuevamente en las grandes ligas competitivas. Luego vino la fusión con Daimler y se cometieron errores que hoy está pagando Chrysler. Esa es otra historia.

El punto es que uno de los espíritus que mueve al capitalismo como sistema económico superior es el del error, el de la corrección, el de la destrucción creativa que permite a las empresas evolucionar hacia nuevas e innovadoras formas de producción. En el camino, claro, hay errores y caídas. Los estatistas nos atacan a los liberales argumentando que dogmáticamente creemos en la perfección de los mercados. Ignorancia de nuestros estatistas.

Los mercados son ensayo y error. Sí, además de aciertos y éxitos, hay errores y excesos que se cometen, pues ante todo la esencia del capitalismo es la actuación humana (imperfecta por naturaleza), que acierta, yerra y corrige. De ahí que la destrucción creativa que Shumpeter señaló es lo que lleva a que después de los ajustes, sobrevengan nuevas preferencias e innovaciones. El proceso de destruir lo obsoleto, lo viejo, lo inservible, es lo que llevó a EU a ser la potencia dominante del siglo XX.

La esencia del éxito capitalista radica en la libertad inherente de intercambio, la libertad de acumular, ahorrar e invertir que se soporta en sólidos derechos de propiedad (derecho a poseer, usufructuar y transferir un bien).

Lee A. Iacocca llamó en su momento a corregir, a innovar y no a pedirle “ayuda de gorra” al gobierno. Como diría mi padre, actuó no como cachuchero, sino como capitalista responsable que se somete al cambio so pena de desaparecer de no hacerlo.

Hoy, con el desastroso liderazgo político de Bush, algunos capitalistas buscadores de rentas quieren escudarse en las patrañas de siempre, en la “defensa del empleo,” en la “contribución impositiva,” etc. Ahí están pues las grandes automotoras que en vez de enfrentar sus errores, de corregir sus canibalescos contratos sindicales, buscan el dinero fácil de los contribuyentes. Ya veremos si son capaces de prostituir al capitalismo estadounidense (ya de por sí golpeado).

La terquedad de la comisión de cambios

Y se sigue inyectando dólares al mercado cambiario, y nada más no hay respuesta positiva para el peso. Ya han metido las autoridades 14 mil millones de dólares para defender como perros al peso, y nada, ya hay que dar 14 unidades del mismo por un billete verde. Nuevamente no entienden, los burócratas jamás le ganaran desde un escritorio a la formación de precios que millones de personas determinamos en el mercado.



domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Más Estado y menos mercado?

Para cuando el lector lea este artículo, ya habrá escuchado al Presidente en la cumbre del G-20, en Washington, y no recibirá sorpresa alguna. Si alguna duda había, al menos yo ya la despejé, Felipe Calderón quiere emular a Luis Echeverría, y no me refiero sólo a su populismo fiscal, sino a su actitud hacia las instancias internacionales. Ahí está Calderón llamando a “los no alineados del tercer mundo,” ahí está Calderón diciendo que el Estado debe ser el rector de la economía (¡caray!, creí que ese discurso rancio priísta ya lo habían superado los políticos mexicanos) y que el “mercado debe ser intervenido ampliamente para evitar sus excesos.” No “pos sí,” con ese discurso, como atinadamente comentó un periodista, mejor Calderón hubiera enviado a la cumbre como su representante a López Obrador.

En fin que ya seguro estará Calderón hablando como merolico en la cumbre sobre el énfasis en políticas fiscales populistas (elegantemente llamadas contracíclicas), en la mayor intervención gubernamental y en general de mayor sometimiento de la libertad económica a papá gobierno. Estatismo al más puro viejo estilo priísta.

Por otro lado, las autoridades hacendarias han expresado que no hay problema financiero de corto plazo, que hay coberturas para el próximo año contra la caída del precio del petróleo. Yo creo que las cuentas no le cuadran a Hacienda. Si no hay problema, entonces ¿por qué el próximo año el gobierno se endeudará más tanto interna como externamente? ¿Por qué están reacios a bajar la gasolina cuando en EU también ha caído? ¿Por qué el subsidio al consumo de electricidad bajó súbitamente y el precio de la misma se disparó?

Asimismo, el Secretario presumió que tan sólo en el período calderonista (a sólo dos años) el gasto público ha crecido 30%, caso sin precedente. ¿Acaso el Secretario como el Presidente creen que el gasto creciente y deficitario es el motor del desarrollo económico? Si es así que peligroso, pues se están moviendo sobre tierra pantanosa. Guardando las proporciones, en el período de Echeverría y López Portillo se establecieron agresivas políticas keynesianas y el resultado fue endeudamiento y devaluación. Ciertamente hoy las cifras macroeconómicas son distantes a las de ese período, pero el comienzo populista es el mismo, la inútil creencia de que se puede ir contra el ciclo mundial de los negocios.

Lamentablemente en estas crisis suele confundirse por ignorancia ó mala fe las causas de las mismas y por tanto se apela al Estado como el salvador de los mercados. Eso es una verdadera falacia. Las malas prácticas en los mercados privados son efecto de las llamadas fallas de gobierno (reglas malas que no definen ni defienden adecuadamente los derechos de propiedad, monopolios como el Banco Central y populismos como créditos blandos, subsidios generalizados, etc.).

Le recuerdo al Secretario de Hacienda lo siguiente: Estudios académicos serios (como doctor en economía debe conocerlos) ofrecen interesantes razones por las cuales existe una relación negativa entre el tamaño del gobierno y el crecimiento económico: 1) el mayor gasto público impone, con su financiamiento, una carga tributaria más elevada en la economía; 2) conforme el Estado crece, su productividad decrece; es decir, las erogaciones públicas son destinadas cada vez más a quehaceres con menor rentabilidad social; 3) la expansión del Estado en los mercados obstaculiza e incluso sustituye a la actividad productiva del sector privado; 4) conforme el gobierno se expande, sus recursos son objeto de redistribución y se reduce su rentabilidad social. La evidencia también señala que cuanto mayor es el tamaño del gobierno, medido por el gasto público total a PIB, más se aleja de sus tareas esenciales, y menor es el crecimiento del PIB de las naciones. En estos estudios se ha podido estimar con eficiencia que, por ejemplo, por cada 10 puntos porcentuales que el gobierno aumenta el gasto público, el crecimiento económico (que es el que crea empleos productivos), se reduce hasta en un punto porcentual.

Así las cosas, lo menos que se debe presumir es el impresionante crecimiento del gasto público.

La cumbre

Para cuando escribo este artículo, apenas comienza la cumbre G-20. Aún así me atrevo a jugarle al mago conociendo que en estas reuniones casi siempre se impone la demagogia. Para empezar, si quieren mejorar el funcionamiento y transparencia de los mercados financieros, lo primero que debe reformarse es el funcionamiento de los bancos centrales, que se centren exclusivamente en el control de la inflación; lo ideal sería retornar al patrón oro, pero eso lo veo difícil, pues le quitaría el poder a los gobiernos gastalones y populistas y no creo que lo permitan. Por otro lado, de una vez por todas sería bueno que el gobierno impulse leyes que limiten el riesgo moral, en donde quede claro que quienes arriesgan asumen sus costos, que quienes pierden no serán rescatados por los contribuyentes. Finalmente, un señalamiento importante sería exigir destrabar el comercio internacional derrumbando las barreras arancelarias y no arancelarias (eso es lo único prudente que he oído de Calderón). En fin que lamentablemente no creo que haya grandes avances como no sea la creación de nuevas monstruosas burocracias al estilo del FMI y el Banco Mundial.



domingo, 9 de noviembre de 2008

EL RIESGO

Por estos días de crisis se está usando muy a la ligera la palabra regulación. Que si hay que regular más a los mercados de capital, que si hay que regular más a los bancos, que si hay que regular más a las calificadoras, que si hay que regular más a los derivados, que si hay que regular más al “capitalismo salvaje” y en general afirmaciones que pecan de desinformación y/o de mala intención.

En primer lugar hay que entender que es una estupidez regular a los que toman riesgos. De hecho, es esta virtud humana (que no tienen todos los seres humanos), éste talento de algunos lo que ha consolidado al capitalismo como el sistema económico más poderoso y eficiente y que ha hecho posible que millones de personas salgan de la pobreza absoluta. En el capitalismo, gracias a los que se arriesgan, gracias a los que van más allá de la vida rutinaria, gracias a los que sueñan, gracias a los que superan al promedio, gracias a los que desean dar antes de recibir, gracias a los que quieren ganar más, es que el capitalismo se consolidó en EU y convirtió a este país en la primer potencia económica del siglo XX con una predominante clase media y un grupo de virtuosos emprendedores.

Si no hubiera capital de riesgo, no habría sido posible el nacimiento y consolidación de gigantes como Microsoft, Yahoo, You tube, Wal Mart, Mc Donald’s ó Google. Estos grandes ejemplos de grandeza humana, de toma de riesgos, de apuesta a ganar, simplemente son inexistentes en nuestro capitalismo estatista-mercantilista latinoamericano.

¿Quién limita y termina por aplastar a la libertad humana inherente en el capitalismo? Los políticos y burócratas socialistas que odian que unos sean mejor que otros, que odian que haya quien gane millones, que odian la excelencia y, en cambio, desean que todos los seres humanos estén en el “justo medio” en la mediocridad absoluta. Ahí está la mediocridad que caracterizó a los regímenes comunistas, en dónde la innovación estuvo siempre ausente.

Tristemente, cuando la culpa de la actual crisis financiera mundial son las medidas erróneas de política pública, se culpa al sistema más exitoso de todos los tiempos, ese que el propio Marx reconocía como el más eficiente y poderoso, ese que propicio el nacimiento de una burguesía que rompió los candados de los esclavos del feudalismo.

No, definitivo, la toma de riesgos no se debe limitar ni regular. Lo que se debe garantizar es que quien pierda asuma sus propios riesgos, que quien pierda no sea rescatado por otros, que quien pierda respete los derechos de propiedad de terceros. Ese fue el capitalismo que predominó en el siglo XIX en EU, en dónde estaban totalmente ausentes los bancos centrales, hipotecarias estatales, esquemas estatistas educativos y de salud, sobre regulaciones bancarias y bursátiles, y en general toda la intervención estatal fuera de proteger los derechos a vivir, a ser libre y a poseer bienes privados de las personas.

Hoy vemos un capitalismo “prostituido” por los políticos, que defienden a capa y espada que el ser humano es excesivamente ambicioso por naturaleza y por ello el Estado debe detener esta “ambición perversa.” Vaya estupidez. Alguien que innova, que crea riqueza para millones, que conquista nuevos mercados está lejos de ser ese perverso enfermo ambicioso que afirman los gubernamentólatras. Confunden a la grandeza humana de toma de riesgos con la vulgar delincuencia de algunos humanos, ciertamente enfermos (yo diría sin la educación apropiada) que roban y/o asesinan a otros para despojarlos de sus bienes.

Hay buenos y malos hombres de negocios, con y sin ética, pero estas situaciones no tienen que ver con la condena socialista a la libertad que da el capitalismo. Recordemos, para aquellos atarantados que hoy quieren revivir a Marx, que los crímenes más horrendos han sido cometidos por las dictaduras comunistas en donde la libertad es aplastada, en donde la libertad es mancillada y manipulada a favor de los poderosos burócratas comunistas.

La evidencia es contundente, en dónde se coarta la libertad, en dónde se suprimen los derechos de propiedad, sobreviene la hambruna, la pobreza y el subdesarrollo. Ahí está Cuba, Ahí está Corea del Norte, Venezuela ó Bolivia.

Qué tristeza me da oír a bisoños hablando de regular. Que tristeza me da oír condenas contra la libertad económica.

El riesgo es esa posición que a veces lleva a la banca rota, pero que también es el resorte de grandes inventos y conquistas humanas. No debemos limitar el riesgo, sino hacerlo una cultura, en dónde quede claro que las pérdidas ó ganancias se circunscriben a quienes lo corren.

Que el Estado rescate a los quebrados, otorgue créditos a los perdedores, avale a las empresas, proteja y subsidie a los agentes económicos ineficientes, es totalmente ajeno al espíritu emprendedor y tomador de riesgos que caracteriza al sistema capitalista de libre mercado.

Ojalá la actual crisis limite el riego moral y castigue-no premie- a quien asume riesgos contra terceros.

Ya veremos si el Próximo Presidente de EU, Barack Obama (quien se arriesgó-otro ejemplo de riesgo- y no siendo blanco conquistó su llegada a la Casa Blanca), está a la altura de las circunstancias, y ante los grandes desafíos que enfrenta EU, no termina eliminando, matando la toma de riesgos que hizo a EU el país líder en innovaciones en el siglo XX. Ya veremos.





lunes, 20 de octubre de 2008

Jugando con fuego

Un periodista de radio se preguntaba azorado cómo era posible que de repente en el Congreso mexicano se acabaran-por lo menos en esa sesión- las mezquindades, los intereses de grupo, y actuaran los legisladores aprobando un presupuesto de manera unánime, sin enfrentamiento alguno. Y lo más sorprendente-proseguía el periodista-al final acabaran casi casi de la mano entonando el himno nacional.

La respuesta no es compleja. No, no se trata de que de repente a nuestros congresistas se les haya metido un espíritu de patriotismo, de hacer su chamba de verdad, de ahora sí desquitar sus generosos salarios y dietas. La razón es más simple y menos afortunada.

El Presidente Calderón ya comenzó a actuar irresponsablemente, a jugar con fuego en materia fiscal, y con sus “maquillajes contables,” automáticamente el próximo año (por primera vez en varios) habrá déficit presupuestario de 1.8%. Claro, eso fascina a nuestros desmemoriados e ignorantes congresistas, pues creen en el sofisma de que los aumentos constantes en el gasto público solucionan todos los problemas de México entre los cuáles están los de desarrollo económico y pobreza. De ahí el comportamiento patriotero, ridículo y populista de los congresistas, que incluso aumentaron el monto de gasto sugerido por Calderón. Claro, Calderón les puso “la pelota a modo” y los congresistas gastalones, pues muy felices de “salvar a la patria.” No aprendemos, ahí está la historia. La indisciplina fiscal ha costado muchísimo a los mexicanos. Sus consecuencias son funestas: endeudamiento, devaluaciones e inflaciones crónicas.

Calderón está jugando con fuego. Su apuesta en medio de la debacle financiera estadounidense es la de una estrategia totalmente keynesiana, que privilegia el uso creciente e intenso del gasto público-cayendo en déficit público- para dizque contrarrestar la caída mundial de los mercados. Ahí están ya las autoridades financieras ofreciendo múltiples créditos blandos mediante la banca de desarrollo, la Sociedad Hipotecaria Federal y Nacional Financiera. Ojo, por que estas estrategias terminan siempre en bancos estatales quebrados, eso sí, siempre con el aval del contribuyente que acaba rescatándolos (ahí está lo que fue Banrural, que fue rescatado hasta 5 veces, caso único en el mundo)

Francamente ya ni creo que el déficit fiscal será del monto que aprobó el Congreso. Con la modificación a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, se ha sembrado la semilla de la indisciplina fiscal, así que con la caída en el precio del petróleo, bien podría ser mayor el boquete fiscal. Ojo, por que no somos EU, somos un país emergente y cualquier indisciplina fiscal hará aumentar el riesgo país (ya hoy está en 400 puntos base desde que estuvo por debajo de 100) por el sólo hecho de aumentar la exposición fiscal del gobierno al ser menores los ingresos petroleros.

Un estudio interesante de Deutsche Bank arroja resultados que las autoridades mexicanas deberían seguir de manera cercana, para, insisto, dejar de jugar con fuego. En el estudio, la institución bancaria estima qué precios (en dólares) por barril de petróleo requieren algunas economías emergentes para mantener balanceadas sus finanzas públicas. Por ejemplo, Nigeria puede balancear su presupuesto con un barril a 71 dólares, Irán con 58, Arabia Saudita con 62, Kuwait 48, Emiratos Árabes 51, Argelia 35, Venezuela e Irán requieren que el precio promedio del barril se ubique en 95 dólares, Arabia Saudita en 55 dólares y Rusia 70

México por su parte, con un presupuesto basado en un precio de 75 dólares, simplemente por la caída ya no podrá mantener balanceadas sus finanzas públicas. Además, con las secuelas de las crisis, la recaudación caerá de manera importante, lo que ahondaría el desequilibrio en finanzas públicas.

Detesto parecer agorero del desastre, pero la conducta gubernamental irresponsable en materia fiscal me impide no hacer estas reflexiones. Es cierto, podría ocurrir que la crisis toque fondo, que se empiecen a pagar los costos y el precio del barril no se desplome más allá de los 50 dólares (de hecho eso estima Deutsche Bank). Pero eso es jugar con probabilidades, y por tanto podría también resultar un peor escenario. La obligación de una autoridad hacendaria responsable es la de prevenir esto, pero con un Presidente keynesiano-populista, que está más atento a los costos políticos-de cara a las elecciones del 2009-ocasiona que juguemos con fuego y el incendio podría acabar con una debacle cambiaria, al estilo del pasado negro financiero de México.

Por lo pronto, la Comisión de Cambios no parece apagar la corrida cambiaria y sigue jugando con fuego, le sigue haciendo el juego a los arbitrajistas (y a los miedosos) al no permitir que funcione el mercado cambiario libremente. Afirmaba la semana pasada el gobernador del Banco de México, que para eso eran las reservas internacionales, para evitar situaciones como estas. Perdón, pero las reservas internacionales representan un alto costo para México; son una especie de “seguro costoso,” que lo mejor sería que fueran usadas para pagar liquidar totalmente la deuda externa. Claro, para ello se requeriría un fuerte superávit fiscal del gobierno. Con el déficit fiscal de Hacienda, ya no podrá tener los pesos suficientes para seguir liquidando deuda externa e interna. Las reservas no deben ser usadas para “defender al tipo de cambio.” Esto ya se ha intentado en 1976, 1982, 1987, 1994 y ahora en 2008. La experiencia muestra que esta estrategia no funciona y sólo genera más pánico. Esta es otra decisión del gobierno en la que está jugando con fuego.

La reforma petrolera
Tal vez esta semana tendremos más información sobre si hay ó no reforma petrolera. Por lo pronto, por lo que sabemos, parece que sólo se reforma la gestión de PEMEX, pero que se mantiene el esquema estatista, que no admite inversión privada. Si es así, craso error y es un ejemplo de cómo los políticos no están a la altura de los problemas de México. Es precisamente en las épocas de crisis, cuando es tiempo de las grandes reformas. Parece que no será así y que se impondrá el estatismo priísta-perredista, con la felicidad, claro, de López y sus secuaces. Qué tristeza.

martes, 30 de septiembre de 2008

El fracaso de las políticas económicas intervencionistas


Nuevamente sale toda clase de charlatanes a decir que la crisis financiera de EU es producto de las “fallas inherentes a los mercados libres.” No, nuevamente no hagamos caso a estos creadores de paralogismos. La causa de la crisis financiera en EU es resultado del fracaso de las políticas económicas intervencionistas. Me explico.

A raíz de la crisis bursátil de 1929, el keynesianismo se impuso como escuela de pensamiento económico en el mundo. Durante los años en que la teoría keynesiana dominó a la política económica ejercida por los gobiernos, la intervención y la regulación gubernamental aumentaron considerablemente. Las consecuencias no se hicieron esperar, y el resultado final de instrumentar políticas fiscales y monetarias expansivas, fue el recrudecimiento de la inflación y el estancamiento económico.

A principios de los años ochentas, el desempleo y la inflación en naciones desarrolladas como EU y Gran Bretaña empezaban a molestar de sobremanera a los ciudadanos de esos países, lo que se tradujo en derrotas electorales contundentes de los partidos de izquierda que apoyaban fuertemente el estatismo keynesiano. En el resto del mundo democrático, las cosas fueron similares.

En respuesta a las fallidas políticas keynesianas, cobraron fuerza las teorías monetaristas y la llamada economía de la oferta (suply side economics), que hacían énfasis en un más estricto control monetario que redujera las presiones inflacionarias, así como en la reducción de los impuestos y en general en la reducción del tamaño del gobierno para dinamizar nuevamente a la economía.

Con el paso del tiempo y ante las numerosas debilidades de la teoría keynesiana pura, surgen entonces los nuevos keynesianos (neokeynesianos). Están encabezados por economistas como Gregory Mankiw, Oliver Blanchard, Larry Summers (exsecretario del Tesoro de Bush Jr. y que al parecer renunció por el keynesianismo exacerbado de su entonces jefe), George Akerlof y por supuesto no podemos olvidar al actual Presidente del Banco Central norteamericano (FED), Ben Bernanke. Estos economistas neokeynesianos están convencidos de que es necesaria la intervención en los mercados por medio de activas políticas fiscales y monetarias.

Por su parte, la teoría económica neoclásica evolucionó hacia la llamada escuela de las expectativas racionales, cuyo énfasis principal es que la intervención en los mercados por medio de las políticas monetarias y fiscales activas no sólo no funciona, sino que puede empeorar las cosas. Los ponentes principales de este pensamiento son Robert Lucas, Robert Barro, Edward Prescott, Thomas Sargent, Martin Feldstein, Robert Hall, Neil Wallace y John Taylor.

¿Por qué hago esta reflexión de las escuelas de pensamiento económico? Por que el desastre financiero que vive EU es producto de las políticas neokeynesianas intervencionistas. Sí, desde que Bush Jr. tomó el poder, el neokeynesianismo ha dominado entre los asesores económicos del Presidente. Prueba de ellos son las cabezas de la Reserva Federal, Bernanke, y del departamento del Tesoro, Paulson.

La historia económica muestra que la intervención activa de los gobiernos vía políticas monetarias y fiscales activas acaba cuando no en mayor inflación, en un desastre financiero. El énfasis estocástico de la escuela de las expectativas racionales finalmente da la razón a la viejísima escuela austriaca cuyos ponentes principales encontramos en Friedrich Von Hayek y Ludwig Von Mises. Sí, en la toma de decisiones en la economía el pasado cuenta poco y en cambio son los valores esperados de las variables lo que contabilizan los agentes en sus decisiones de ahorro, consumo e inversión.

La sabiduría de la escuela austriaca se demostró desde que Hayek pronóstico (sin hacer uso de la “magia econométrica”) la gran depresión de 1929. Años antes de la caída de la bolsa, Heyek había observado cómo la manipulación monetaria hecha por el sistema bancario y los bancos centrales se traducía en precios mentirosos para inversionistas y consumidores.

Ésta teoría se centra en que las tasas de interés son una señal esencial para la toma de decisiones de consumo e inversión a lo largo del tiempo. Si el volumen de ahorro aumenta, entonces la tasa de interés baja, lo que incentiva a los agentes económicos a asignar mayores recursos a la producción de bienes de capital, bajando su gasto en bienes de consumo. A la inversa, si baja el volumen de ahorro, la tasa de interés subirá y se asignarán menos recursos a la producción de bienes de capital y más a la de bienes de consumo. Ahora bien, esto funciona sin alteraciones en la estructura productiva de la economía hasta que las tasas de interés ya no reflejan la escasez de crédito, lo que violenta la asignación de recursos de una etapa a otra de la estructura de la producción.

¿La razón? El diseño del sistema bancario que se soporta en un monopólico banco central. Cuando el sistema bancario funciona bien, habrá un equilibrio natural de ahorro e inversión. Así, no habría ahorros que no hallaran inversión ni inversiones que excedieran al ahorro. Tal equilibrio podría producirse si no se interpusiera la función monetaria.

Si la oferta de dinero fuera rígida, los ahorros serían la única fuente de donde podrían hacerse inversiones y el mero propósito de obtener ganancias máximas haría que los bancos procuraran que todo ahorro encontrara su objetivo de inversión. Cuando la oferta monetaria no es rígida (elástica) entonces puede aumentarse la inversión sin que aumente el ahorro ó disminuirse aunque no cambie este último. Si las tasas de interés se mantienen por debajo de la de equilibrio, entonces se provoca una mayor expansión de los créditos y la inversión excede al ahorro. El proceso continuará mientras las tasas de interés sigan a la “baja.” De la misma manera, si la tasa de interés es superior a la tasa de equilibrio, entonces el ahorro excede a la inversión. El proceso igualmente continúa mientras las tasas de interés son “altas.”

El problema esencial es que los bancos pueden “crear” dinero, pues prestan más recursos para inversión que los depósitos de sus ahorradores. La razón se sustenta en la relación de los bancos comerciales con el banco central. Peor aún, si ya de por sí los bancos comerciales conceden créditos por encima de sus depósitos, una política monetaria expansiva instrumentada por el banco central, agudiza aún más la expansión irresponsable del crédito, lo que intensifica de sobremanera las inversiones tanto en la industria de la construcción como en general en la industria de bienes de capital.

Este ritmo se revienta, cuando presionado por presiones inflacionarias, el banco central comienza a contraer la oferta monetaria, lo que provoca que los bancos también contraigan su crédito, dejando sin liquidez a los empresarios de la construcción y de bienes de capital en general. Este ha sido el ritmo dominante en los ciclos económicos por los que a atravesado EU en las últimas décadas.

Sin embargo, la intensificación de las recesiones ocurre cuando la política monetaria se vuelve súper laxa, pues entonces no sólo los bancos comerciales exceden sus prestamos, como ya mencionamos, a sus depósitos, sino que peor aún, la ilusión de liquidez sin límite les hace asignar recursos a deudores con dudosa capacidad de pago. No sólo los bancos caen en este juego, sino también los las agencias inmobiliarias (que fue en donde comenzó a gestarse la actual crisis financiera de EU), bancos y fondos de inversión (peor aún, cuando los créditos hipotecarios se bursatilizan y los fondos adquirieren carteras con problemas de pago). La pesadilla surge cuando los bancos centrales terminan con la liquidez ilusoria (mediante contracciones continuas de la oferta monetaria que presionan a la alza a las tasas de interés) y entonces quiebras, deudas y fraudes están a la orden del día.

La crisis inmobiliaria y financiera de EU tiene su raíz en el mandato perverso que rige a la FED. Dicho mandato es contradictorio, pues mientras obliga a la FED a mantener el poder adquisitivo del dólar, también incentiva a la indisciplina monetaria, pues coexiste el mandato de que la FED garantice el crecimiento económico. Obvio, los neokeynesianos se han impuesto, y esto se traduce en leyes irresponsables que fomentan políticas económicas intervencionistas.

Lo ideal sería que las personas pudiéramos tener la libertad de realizar nuestras transacciones con la moneda que escogiéramos libremente, lo que implicaría que los bancos funcionaran más bien como bancos de inversión responsables. Como esto es un sueño guajiro, un avance al menos sería corregir el mandato constitucional que rige a la FED. Lamentablemente, en vez de corregir, el pensamiento que predomina es el de intervenir más los mercados, de “corregir la borrachera” de Wall Street, de “regular” más a los mercados, de rescatar a más y más grupos financieros. Todas estas medidas no son más que un regreso al capitalismo de Estado, en donde estúpidamente se confunden las causas de la debacle financiera y por tanto la receta económica que se prescribe es la equivocada.

La solución no es mayor regulación y “fobaproas” gringos. Ello sólo llevará a la economía norteamericana a la estanflación, en donde el endeudamiento, el alza de impuestos, el desempleo y la inflación se vuelven el pan de cada día.

La solución es parar de una vez por todas el uso indiscriminado de las políticas fiscales y monetarias. La solución es acabar con las políticas económicas intervencionistas. El próximo Presidente estadounidense lograría más si se pusiera a corregir su déficit fiscal, y lo mejor, a reducir el tamaño del gobierno y los impuestos.

Por el momento no veo un panorama claro. El gobierno gringo ha optado por la salida fácil de inyectar liquidez y rescatar a instituciones con cargo al contribuyente. Ello sólo empeorará la crisis. La semana pasada la FED decidió dejar abierta la llave del crédito y ello causó más desconfianza. Sólo han podido respirar un poco las bolsas con la intervención de otros bancos centrales como el europeo y el japonés.

Ojalá no estemos en la antesala de un nuevo capitalismo de estado, en la antesala de la estanflación y el intervencionismo gubernamental.


lunes, 15 de septiembre de 2008

Uso y abuso del gasto público

El buen desempeño de un gobierno es vital para la convivencia pacífica entre los ciudadanos y el buen funcionamiento de los mercados. Ello por que un gobierno eficiente contribuye con buenas leyes e instituciones que respetan y hacen respetar los derechos de propiedad entre los millones de seres humanos que intercambian bienes, servicios e ideas en los mercados (lo que nos incluye a usted y a mi, amigo lector).

El problema surge cuando los gobiernos quieren rebasar su misión principal: el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de los gobernados.

La violación a los derechos naturales del ser humano surge principalmente con los abusos al gasto público. Sí, en la mala y arbitraria asignación de los recursos escasos del contribuyente es como empieza el infierno.

En un pasaje bíblico, cuando los israelitas le piden a Dios que les permita tener un líder gobernante no divino, éste les contesta que podrán hacerlo, pero que en el futuro, dicho líder les pedirá, les exigirá diversos pagos, fruto del trabajo diario de los gobernados.

Lamentablemente, este pasaje bíblico se adelantó a lo que hoy predomina en las distintas sociedades que componen al planeta: gobiernos redistribuyendo, derrochando los recursos de los contribuyentes para, dizque acabar con la pobreza, proteger industrias de la competencia, rescatar bancos e instituciones financieras, mal proveer de salud, educación, cultura y deporte a los gobernados, mantener monopolios y burocracias ineficientes y obesas, pagar a maestros que no trabajan, crear conflictos bélicos sin razón de ser y en general defender toda clase de causas “justas” de acuerdo al juicio del gobernante en turno.

Sí, esa es la tragedia que vivimos los contribuyentes cautivos que con total impotencia vemos como todo el aparato estatal es usado para dar y repartir a capricho del gobernante los impuestos cobrados a los contribuyentes.

Esta reflexión la hago a propósito del presupuesto que ejercerá el año próximo el gobierno mexicano. Nuevamente veo a un Presidente, autoridades hacendarias y a miembros del Congreso mexicano, presumiendo de los “montos récord” que gastarán en tal ó cual rubro, desde anuncios chocantes en radio y televisión hasta declaraciones formales en entrevistas.

Creo que no aprendemos, no basta con mantener el equilibrio de las finanzas públicas como tanto se pregona en la Secretaría de Hacienda. El equilibrio presupuestal se puede mantener arbitrariamente subiendo impuestos cada vez más y fijando precios esperados del barril de petróleo arbitrariamente altos.

No, finanzas públicas equilibradas con impuestos altos y gasto corriente creciente sólo lleva a una menor creación de riqueza y ello redunda en un menor bienestar de los mexicanos.

No me cansaré de repetirlo, el gasto público no debe ser usado para estimular artificialmente la demanda agregada (por lo menos eso he entendido de las palabras del Secretario de Hacienda). El concepto de política fiscal contracíclica es una patraña keynesiana. La construcción de infraestructura sólo es una pequeña contribución de un gobierno para facilitar el intercambio económico y además dicha misión debe ser con estricto apego a criterios costo beneficio (no sirve de nada construir un puente que no atraviesa ningún río, un hospital sin médicos y medicinas ó una autopista en donde sólo circulen cinco carros).
Como bien apunta el economista Manuel Sánchez Gonzáles (ojalá alguien le regale su libro economía mexicana para desencantados al Presidente Calderón), cuando el gasto público rebasa la tarea esencial de proteger los derechos de propiedad de los gobernados, entonces se frena el desarrollo económico.

La razón es por que a un mayor gasto, corresponde un mayor endeudamiento que encarece las tasas de interés, desplazando al gasto privado, lo que se traduce en un menor esfuerzo laboral, un menor ahorro y una menor inversión en la economía.

Ojo, aunque al día de hoy existe equilibrio anual en finanzas públicas, la deuda interna supera ya los dos billones de pesos, una cantidad considerablemente mayor al endeudamiento externo. Por lo pronto, y dada la caída en la plataforma de producción petrolera, el gobierno incrementará el IETU (impuesto empresarial a tasa única) un punto porcentual, es decir, más impuestos para el próximo año para poder sostener a los programas populistas del Presidente Calderón.

Por otro lado, ya algunos congresistas panistas han amenazado que si no hay reforma petrolera, entonces inexorablemente subirán los impuestos. ¿Por qué mejor no dicen que si no hay reforma petrolera, el tamaño del gobierno deberá reducirse en un 50%? Impensable.

Si el gobierno y el Congreso continúan presumiendo que el gasto público creciente es la solución a nuestros problemas, entonces no me queda la menor duda, y en esto soy más pesimista que algunos de mis colegas liberales, para cuando termine el sexenio de Calderón el gasto público representará el 30% del PIB y con este ritmo, si las próximas elecciones se las lleva el PRI, tampoco me queda duda, el gasto público se encaminará hacia la proporción de la mitad del producto.

Mientras más gaste el gobierno en proporción al producto, el endeudamiento y los impuestos futuros serán la regla para los ciudadanos. Hay numerosa evidencia estadística, a mayor gasto público menor crecimiento económico. Que de una vez lo entiendan Calderón y sus subordinados.

Es necesario perfeccionar la Ley de Responsabilidad Hacendaria. No basta sólo con obligar a que el gobierno no incurra en déficit fiscal. Hay que obligar a los gobiernos a pagar totalmente la deuda que contraigan en su periodo de gestión. Hay que ponerle límites al porcentaje del gasto público como proporción del PIB. Ya antes economistas liberales como Milton Friedman sugerían que el tamaño del gasto no debería superar el 10% del PIB. Me uno a esta exigencia.

La amenaza silenciosa

Hablando de abusos y amenazas a los gobernados, ahí está el gorilón rojo, Hugo Chávez, otra vez con sus estridencias, queriendo sacar provecho del conflicto civil de Bolivia. Por lo pronto, al más puro estilo de Hitler y Stalin, ha comenzado una purga al interior de sus fuerzas armadas. Se trata de eliminar a los enemigos que le estorbarían en la aplicación de sus nuevas 26 medidas diseñadas para atacar los derechos a la libertad y a la propiedad de los venezolanos. Ojo con el gorila, pues se está armando silenciosamente al amparo de naciones como Rusia e Irán. El próximo presidente de EU no podrá ignorar a la amenaza silenciosa. Ojalá la caída del precio del petróleo detenga al gorilón. Por lo menos es una esperanza.

domingo, 24 de agosto de 2008

LA GUERRA CONTRA GEORGIA

Como todos saben, unos días atrás Rusia lanzó una contundente y despiadada ofensiva contra Georgia, país aliado de los Estados Unidos, que lo acompañó en la aventura de Irak, enviando tropas adiestradas por los marines.
Los líderes de Georgia presentían, o mejor dicho veían en forma directa, el enorme peligro que implicaba ser un país pequeño al lado de un gigante autoritario como Rusia, que además todavía parece añorar y querer rememorar sus tiempos imperialistas.
Debido a esta certeza fue que la dirigencia georgiana promovió un claro acercamiento a los Estados Unidos, con la intención de ingresar bajo el paraguas protector de la OTAN. De ahí que su pequeño ejército haya sido entrenado intensivamente durante los últimos años por expertos estadounidenses, y de ahí también los esfuerzos y el progreso democrático de Georgia.
Queda claro que se trata de un país pequeño y pobre, pero el sentido del rumbo que estaba tomando era claramente favorable a la integración mundial, el desarrollo y la democracia. Después de todo, la OTAN sigue exigiendo fuertes estándares de institucionalidad y estabilidad para autorizar el ingreso.
Quizás como una forma de alentar esta transición, Georgia venía cooperando fuertemente con occidente para aumentar su producción petrolera. Esto no sólo significaba un impulso importante para su desarrollo, otorgándole importantes divisas, sino que además favorecía su independencia con respecto a Moscú.
Claro que los rusos no querían saber nada de la integración de Georgia a la OTAN, de su independencia económica y acercamiento a occidente. Preferían, al contrario, mantener el control económico sobre su pequeño vecino, basado en la dependencia de Georgia del gas ruso a falta de otro socio y fruto del escaso aprovechamiento de su potencial petrolífero.
De esta forma, Rusia no sólo hacía un negocio fantástico por su virtual monopolio en el suministro energético, sino que además controlaba económicamente a un país que, para las jerarquías moscovitas, jamás debió haberse separado de su vecino.
Sin embargo, este status quo favorable a Rusia, como ya indiqué, estaba siendo fuerte y crecientemente amenazado por la atrevida política exterior georgiana. Incluso provincias o grupos separatistas, como en el caso de Chechenia, le generaban grandes inconvenientes, lo que reducía su autoridad y capacidad de influencia sobre la petrolífera región del Cáucaso.
El sólo hecho de imaginarse un incremento de la influencia y el poderío georgiano, representando encima los intereses occidentales, sumado a la inestabilidad creciente de la región, hacía que a la jerarquía rusa se le pusieran los pelos de punta. Hubo, sin embargo, dos hechos que cambiaron el horizonte.
El primero fue la Guerra de Irak, que hizo que Estados Unidos, demasiado confiado en su poderío militar, quedara prácticamente sin fuerzas disuasorias para mantener el orden o aunque sea proteger a sus aliados en la región.
El segundo, fue la inusitada suba del precio del petróleo, lo que le dio un impulso económico a Rusia, dejando grandes cantidades de frescas divisas en las arcas estatales, aliviando su situación y permitiéndole, aunque sea ilusoriamente, recobrar la confianza militar y geoestratégica que había perdido desde la caída del Muro de Berlín.
La decisión no se hizo esperar, y Rusia profundizó su política exterior destinada a, entre otras cosas, recuperar la estabilidad y el control del Cáucaso. Primero fue la brutal pacificación de Chechenia. Luego, la invasión y el amedrentamiento de un pueblo que soñaba con la libertad, la democracia y el desarrollo, como lo es Georgia.
Quizás surjan tres grandes lecciones para los Estados Unidos de todo esto: 1) ya no puede negar su necesidad de una fuerte cooperación con Europa, 2) sus fuerzas son por mucho las más poderosas del planeta, pero siempre es sensato y prudente no iniciar guerras innecesarias, y 3) Rusia no es ni será jamás la Unión Soviética, pero luego de leves reformas y de que entre la nomenclatura del Partido Comunista se repartieran las bienes estatales, el comunismo fue reemplazado por una especie de nacionalismo ruso, sostenido por los mismos intereses y en muchos casos por las mismas personas que antaño trabajaban para la burocracia comunista, lo que dio origen a un régimen autoritario, más preocupado por su presencia y poderío en el extranjero que por crear las condiciones internas que favorezcan la democracia y el desarrollo.
Georgia es el ejemplo de la clase de injusticias a las que puede llevar el descuido estratégico de los Estados Unidos, país que tiene en sus manos el destino de buena parte del planeta, y que no puede darse el lujo de mirar para otro lado o creer que ya no posee enemigos estatales que se animen a hacerle frente.

Rafael Eduardo MichelettiTel: (0341) 156-916835Alvear 464, Rosariowww.rafamicheletti.blogspot.com

lunes, 11 de agosto de 2008

El fracaso gubernamental ante la inseguridad

Definitivo, el Estado mexicano una vez más está fallando en una de las tareas esenciales para con los ciudadanos. Los derechos a la vida y a la libertad simplemente no están siendo garantizados por los gobiernos de todos los niveles.

Con impotencia, los mexicanos atestiguamos hace unos días el asesinato y secuestro de inocentes. En el Distrito Federal, como siempre, un Maecelo Ebrard frío y distante que sólo se disculpó por el secuestro y el asesinato de un adolescente cuyo padre es un empresario reconocido. El farsante gobernante y violador de derechos hasta se levantó y pidió un minuto de silencio por la víctima. ¿Por qué no hizo lo mismo con las víctimas del News Divine?

Luego, el Presidente Calderón salió haciendo un llamado a las autoridades del DF para una mayor coordinación entre las autoridades policiales. Pero a Calderón se le olvida que algunos de los pocos logros en materia de combate a la delincuencia se han ido por el caño en su administración. La creación de la Agencia Federal de Investigación (AFI), una policía de elite, fue uno de esos raquíticos logros en años recientes. Durante los inicios de la misma, y hasta hace cerca de dos años, la AFI se desempeñó muy eficientemente en combatir a peligrosas y bien organizadas bandas de secuestradores y defraudadores. ¿Qué pasó después con la AFI? Aunque conserva aún parte de su eficacia, la Agencia ha sido golpeada por los jaloneos y errores del gobierno federal actual. Primero, fue la terquedad de Calderón de unificar a las pocas policías de elite-creando un “monopolio al capricho”- con el resto de la policía federal (vamos, las organizaciones como tal aún existen, sólo que supeditadas a nuevas interferencias en la toma decisiones) con lo que se dio paso a infiltraciones y pérdida de rigor en la selección de los miembros que integran a la AFI. Luego, la terquedad presidencial de querer combatir a toda costa una guerra perdida, el combate a las drogas.

Las pifias anteriores han significado que los pocos policías preparados estén distraídos de su tarea esencial, la protección de la vida y la libertad de los ciudadanos. Un estimado amigo de profesión matemático (con un posgrado en economía) y muy hábil en materia de estrategias de inteligencia (teoría de juegos, encriptología), decidió aplicar a la AFI para el área de investigación de fraudes cibernéticos. Después de haberlo enviado a un entrenamiento riguroso con el FBI, su sorpresa más grande al regresar fue que su anterior jefe había sido removido, y lo peor, que ahora lo emplearían en combatir algunas operaciones del narcotráfico (muy peligrosas). Tras darse cuenta que sus mejores ventajas comparativas no estaban siendo utilizadas, y en cambio, la vida de su familia corría serio peligro, decidió marcharse. Hoy trabaja en un país desarrollado que sí utiliza sus capacidades a plenitud. Hace poco, un general despedido daba fe de cómo a muchos investigadores eficientes los estaban usando, junto con el ejército, de vil carne de cañón para los narcotraficantes. Vaya capital humano desperdiciado por la falta de coordinación y pifias cometidas desde los pinos.

Pero el caso en el DF es aún más atroz. Desde el inicio de la administración de Marcelo, los operativos policiacos han sido un rotundo fracaso que han costado vidas. Desde granaderos que entran a golpear y arrestar en los antros a jóvenes hasta retenes que sólo sirven para extorsionar a automovilistas, ha habido errores garrafales que han conducido a perder algunas vidas y a agredir a los ciudadanos en sus más esenciales libertades. Pero lo peor, los hechos de secuestro reciente-cometidos en un retén a plena luz del día- confirman la podredumbre que impera en la policía a cargo de Marcelo. Desde altos comandantes hasta jefes de sector, hay pruebas contundentes de que la judicial capitalina está al servicio de los delincuentes. Si bien es cierto que es un error generalizar, lo cierto es que la seguridad en el DF refleja cómo la policía está siendo usada para fines políticos y delincuenciales. En el caso de los primeros, sólo hay que ver qué patéticos se veían algunos judiciales repartiendo publicidad para las tramposas consultas de Marcelo y el PRD. ¿Por qué no estaban vigilando las calles como es su obligación? No, los ciudadanos no debemos permitir que nos tomen el pelo. Permitirlo significará la pérdida de más vidas inocentes auspiciadas bajo la codicia de poder de políticos como Marcelo.

Y por dios, ojala que los políticos no pierdan el tiempo en discutir si es hora de la pena de muerte ó no en México. Eso es demagogia pura, y lo peor, es darle al nefasto Estado mexicano el poder de asesinar con toda impunidad a los gobernados. No, por observar un árbol, no perdamos la perspectiva del bosque. Es necesario que el Estado mexicano se concentre en sus tareas de protección de los derechos naturales del ser humano, a saber, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Es hora de exigirle a los gobernantes que se concentren en sus tareas esenciales de seguridad, que creen la atmósfera para que los ciudadanos no sintamos más seguros y por tanto seamos más productivos.

Curiosamente, muchos de los que hoy se desgarran las vestiduras criticando a la estrategia policial de los gobiernos, a la vez piden más intervención de los mismos en la economía (petróleo, gas, electricidad, petroquímica, refinación, etc.), haciéndole sin querer el juego a los delincuentes. Entendámoslo de una vez por todas, cuando los gobiernos se dedican a invadir con toda clase de intervenciones y regulaciones la actividad de los particulares, el resultado inexorablemente será el del descuido en las tareas de protección y seguridad de los ciudadanos. El Estado intervencionista mexicano es una muestra de ello.

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