domingo, 19 de abril de 2009

LA ECONOMÍA FICCIÓN



La borrachera monetaria de EU, definitivo, la terminarán pagando tanto los estadounidenses como el resto del mundo. Ello se traducirá en mayores impuestos, mayor inflación y menor crecimiento económico. Es el costo de la economía mentirosa, la economía ficción.

Ahí están las conclusiones de la reunión del Grupo de las 20 economías más grandes del planeta (G-20). Mucho me temo, estas avanzan hacia un mayor estatismo, tal como lo desea el Presidente francés, el estatista Nicolás Sarcozy que exigió (junto con su colega la estatista Merkel) la abolición del llamado consenso de Washington. ¡Muera el neoliberalismo! Clamaron estos jefes de gobierno.

Vaya, como si ese consenso fuera realmente liberal y el causante de la crisis mundial.

Hay que recordar un poco de historia para realmente apreciar la estupidez de los que piensan que este debe ser el fin del “neoliberalismo.” Recordemos brevemente qué fue el patrón oro, para entender que lo que hoy proponen los líderes del G-20 es proseguir con una economía ficción.

El patrón oro que imperó desde finales del siglo XIX (entre 1880 y 1914), se distinguía por tres condiciones:

1) La oferta monetaria (los billetes y monedas que circulan de su bolsillo a otro, amigo lector) de cada nación estaba compuesta por oro ó papel moneda respaldado por el mismo metal.

2) Cada nación que se adhería al patrón oro, definía el precio del mismo en términos de su moneda nacional y estaba dispuesta a comprar y vender oro a ese precio.

3) Las naciones permitían la libre exportación e importación de oro. En estas circunstancias, la oferta monetaria de una nación estaba directamente atada a su balanza de pagos, que es la balanza que resume todas las transacciones que una nación hace con el resto del mundo en un año; ello incluye la abalanza comercial-exportación/importación de mercancías-, la de servicios-exportación/importación de servicios- y la de capitales-exportación/importación de activos.

La nación con un superávit en su balanza de pagos adquiría oro, lo que le permitía expandir directamente su oferta monetaria. Por el contrario, ante una balanza deficitaria, la nación vendía oro, lo que le permitía disminuir la oferta monetaria.

El patrón oro imponía disciplina monetaria a las naciones. Sólo podían “crear” papel fiduciario-eso son los billetes- si estaba respaldado por mayores transacciones, y en cambio, si disminuía el intercambio con el resto del mundo, la nación era menos rica y por tanto sería ficticio tener más papel moneda no respaldado por transacciones reales, por lo que se debía proceder a eliminar el circulante sobrante.

Ah, pero desgraciadamente, la política se impuso a la economía, y para los gobiernos era incómodo enfrentar a las variables económicas reales (si había menos ahorro, ello se debería traducir en menores inversiones y viceversa) pues ello implicaba pérdida de votos, pérdida de poder. Así, los políticos lejos de crear atmósferas institucionales que incentivaran la creación de riqueza, y por tanto de ahorro y de inversión, se dedicaron a destruir el patrón oro y se apoderaron total y perversamente de la imprenta de hacer billetes.

El patrón oro, hoy menospreciado, tuvo importantes funciones en la historia, como la de servir de unidad de cuenta y de reserva de valor aún en los peores momentos de las naciones como guerras ó revoluciones.

Lamentablemente la crisis de 1929, satanizó y echó toda la culpa al patrón oro de la debacle económica (además claro de la satanización del libre mercado), cuando, como lo demostró Milton Friedman y Anna Schwartz, la culpable fue la Reserva Federal (el banco central gringo) con sus diversas pifias monetarias, como la de disminuir la oferta monetaria, en tiempos en que de acuerdo al patrón oro, debía haberse aumentado.

El volver al patrón oro, es cierto, requeriría de un nueva y compleja arquitectura financiera, lo que implica tiempo y esfuerzo que difícilmente los políticos querrían realizar.

En vez de hacer que las variables de la economía reflejen su valor real, los políticos se inclinan mejor por la economía ficción, sí, esa economía sustentada en variables cuyos valores numéricos-precios- son falsos. Así las cosas, los políticos nos engañan con tasas de interés artificialmente bajas, con cantidades enormes de dinero que no reflejan la riqueza real, y claro, con mucha y mucha verborrea.

La actual crisis que comenzó en EU fue provocada directamente por la FED-Reserva Federal- al mantener artificialmente muy bajas las tasas de interés y luego subirlas abruptamente (y esta historia se volverá a repetir con las actuales tasas de prácticamente cero que la FED ha actualmente fijado).

La actual crisis parece ver su terminación, pero ello será para evolucionar en inflaciones de dos dígitos, especialmente en EU.

La conclusión de la reunión del G-20, lejos de ser la solución a la crisis actual, sólo propone engordar aún más a esos elefantes blancos, como son la burocracia internacional que encarnan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Eso sí, ya se decidió en el contexto de la economía ficción dotar de más y más dinero al sistema monetario internacional (se aprobó un billón de dólares que irán a parar a los elefantes blancos internacionales y de ahí supuestamente a las naciones).

Lo único que espero de estas medidas es un mayor dispendio fiscal y endeudamiento (eso es lo que históricamente ha ocasionado el FMI al incentivar el riesgo moral, el abandono de la responsabilidad financiera).

Eso sí, en materia de comercio internacional, puro bla-bla. En el discurso se habla de libre comercio, pero en la práctica el proteccionismo crece.

Y lo peor, se pretende crear todo un entramado burocrático en los sistemas financieros, desde prohibir los “paraísos fiscales” (quiero ver que harán aquí, ¿le declararán la guerra a Luxemburgo ó a las Islas Caimán? Vaya aberración. Ó si se imponen sanciones a los paraísos fiscales, vaya violación a la soberanía de cualquier nación a diseñar sistemas fiscales que atraigan inversiones) hasta crear nuevos elefantes blancos que dizque supervisarán los riegos sistémicos.

Francamente no esperaba el regreso al patrón oro, pero al menos conclusiones serias.

Conclusiones serias habrían sido la de acordar la eliminación-con calendario en mano-inmediata de los multimillonarios subsidios y aranceles agrícolas que EU y la Comunidad Europea otorgan a sus parasitarios agricultores. Otra conclusión seria, por supuesto, habría sido exigir el alto a EU de su producción monetaria sin respaldo alguno y ello pasaría por que EU revisase una de los mandatos de su banco central, el del crear dinero sin ton y son que periódicamente meten al mundo en recesión.

Por supuesto, una conclusión seria también habría sido el impedir que los gobiernos se vuelvan socios y rescaten vilmente con dinero ajeno-de los contribuyentes- a las empresas mediocres que quiebran.

Finalmente un llamado serio habría sido el de diseñar entornos institucionales que mejoren el régimen de inversión, tal como serían reformas laborales que flexibilicen la contratación y despido de los trabajadores (un entorno que proteja a las personas que pierden la chamba no a los empleos improductivos).

Pero no, y tal como siempre tememos los liberales, estas crisis terminan siempre por alentar el estatismo. La historia es la historia y desgraciadamente la economía ficción se impone. Tenemos mucha chamba los liberales para educar a la gente, a crear un escudo contra los políticos demagogos. En fin que ese es un consuelo personal.

Hay señales hacia la recuperación, pero el escenario futuro se asociará a más regulación burocrática, y lo peor, lo que afecta a los más pobres, el regreso de las inflaciones crónicas.






lunes, 2 de marzo de 2009

Algunas preocupaciones mon etarias y fiscales

Si alguien dudaba aún sobre la “latinoamericanización” de EU, sólo hay que ver las cifras presupuestales que envío el Presidente Obama al Congreso. Obama presentó su primer presupuesto, que prevé un déficit de 1.75 billones de dólares, así como un gasto de 3.55 billones para el ejercicio fiscal 2010.

Asimismo, el déficit fiscal se dispara a un nivel histórico y escalofriante, y se espera que se sitúe más en poco más del 12% del PIB.

Aunque Obama ha declarado su preocupación por corregir el gigantesco desequilibrio fiscal, francamente no veo cómo. Preocupante la actuación bananera del gobierno estadounidense. Por el momento una salida será que los chinos prosigan confiando en el dólar y así financiando el gigantesco boquete de las finanzas públicas del gobierno estadounidense. Pero no bastará, y para desgracia, es muy probable que el gobierno de Obama termine por anunciar alzas pronunciadas en impuestos. Una vez más se confirma, lo que gastan y gastan los gobiernos hoy, son deudas que mañana dolorosamente tendrán que pagar las siguientes generaciones. La resaca en su máxima intensidad.

En el caso monetario, cuidado, también veo focos rojos. Aunque el Presidente de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, ha declarado que detendrá la expansión monetaria en el momento en que ésta sea inflacionaria, cuidado, por que veo a la autoridad monetaria estadounidense medio confiada. La “maquinita” de hacer billetes ya fue echada andar a lo “bestia.” Si el lector es especialista, puede checar el crecimiento exponencial que en los últimos años han tenido los agregados monetarios de EU. Una sugerencia es visitar la siguiente página de la FED http://www.newyorkfed.org/aboutthefed/fedpoint/fed49.html

Al día de hoy están rotos los llamados mecanismos de transmisión de la política monetaria. Es decir, la autoridad monetaria emite y emite dinero y éste no parece afectar, de momento, a la demanda agregada. Así, los nuevos dólares que la FED ha lanzado sin ton y son al mercado, simplemente no son gastados por los consumidores ni utilizados por los bancos comerciales para otorgar más créditos. Obvio, la desconfianza y el endeudamiento reina en la economía estadounidense y la FED no puede hacer nada.

Ahora bien, esto es temporal, y hay evidencia empírica contundente sobre los efectos retardados de la política monetaria sobre el accionar de los agentes económicos. Si en determinado momento pasa lo peor, se conoce con exactitud la pérdida que han dejado los “activos tóxicos,” la respuesta en demanda agregada a mediano plazo podría ser violenta, y nuevamente, obligar a la FED a subir sus tasas. Este sería un escenario de hiper inflación con estancamiento económico. Yo como economista estoy fascinado por atestiguar-y comprobar las tesis en las que creo- en vida cómo no es el crecimiento de dinero, la inyección monetaria, lo que causa el crecimiento económico. Pero como ser humano, mi sentir es de preocupación, por ver tantas pérdidas y desgracias financieras de millones de personas.

Ojalá que en esta crisis se entierren las viejas teorías que ven al dinero cómo un factor de crecimiento.

Ojalá que de una vez por todas se entienda que el dinero en Estados Unidos-y cualquier otro país- es únicamente deuda. Los depósitos a la vista son la deuda de los bancos comerciales y las instituciones de ahorro. La divisa es la deuda de la Reserva Federal. Ninguno de estos elementos tiene un valor intrínseco y tampoco es “respaldado” por una mercancía como el oro. Lo que realmente da al dinero su valor es la combinación de diversos factores. Siempre que los miembros de una sociedad acepten el dinero como instrumento de cambio, éste tiene valor. Los ciudadanos aceptarán el dinero a cambio de bienes y recursos mientras sepan que a su vez pueden utilizarlo para comprar otros bienes y recursos. El factor determinante del valor del dinero es la oferta y la demanda del mismo. Dada la demanda de dinero, la oferta determinará el valor o el poder adquisitivo del mismo. Mediante el control de la cantidad de dinero de los depósitos que pueden crear los bancos comerciales y las instituciones de ahorro, el Sistema de la Reserva Federal puede influir en la cantidad de dinero en circulación y por lo tanto, en su valor.

Si la FED no cumple con su papel de procurar liquidez con estabilidad, entonces su papel se pervierte y se vuelve un “destructor” del valor del dólar. De hecho, quienes pensamos que los bancos centrales deben eliminarse, lo hacemos por la evidencia histórica de que desde que existen los bancos centrales-como la FED- las monedas únicamente se han depreciado por las actuaciones erradas en política monetaria. Éste también es el caso de México.

Más vale que las autoridades estadounidenses no le falten el respeto a los acreedores de EU, que confían aún en el billete verde. Por el bien del mundo más vale que así sea.

La tenencia

Con completa y agradable sorpresa recibí la noticia sobre la propuesta de eliminación de un impuesto infame, inmoral e ilegal que es el de la tenencia vehicular. Ojalá luego no se me rajen en el Congreso sobre esta medida que todos los usuarios mexicanos de autos deseamos. ¿Quiénes se opondrán ferozmente? Tal como lo expresé la semana pasada, los gobiernos populistas como el de Marcelo Ebrard. Ahí está ya chillando. Ya veremos cuantos más se le unan a su miserable causa.

miércoles, 28 de enero de 2009

Japón, una lección para Obama

Durante varias décadas, posteriores a la segunda guerra mundial, Japón creció espectacularmente a tasas promedio del 10%, lo que llevó a este país, ya a finales de la década de los sesentas, a ser considerado una nación desarrollada. ¿Cuál fue la clave del éxito de Japón? No hay misterio, la razón fue el reconocimiento de la propiedad privada, amplias inversiones y una política agresiva en materia de formación de capital humano.

¿Cuál fue entonces la causa del inicio de la terminación del boom japonés? Muchos analistas y académicos aún creen que como se trata de una nación que alcanzó el desarrollo económico, entonces el mayor stock de capital empieza a presentar rendimientos decrecientes, lo que le pega al crecimiento económico. Si revisamos la historia reciente de Japón, veremos que esto no es cierto.

La historia del capitalismo japonés debería ser seguida muy cercanamente por el Presidente Obama, para entender que la principal causa del fracaso económico-o en su caso las bajas tasas de crecimiento económico- son resultado de la interferencia estatal, que vía subsidios y gasto público deficitario intenta “planificar” el desarrollo económico.

La realidad es que aunque en Japón prevalece la propiedad privada, el sistema de precios jamás ha funcionado adecuadamente, pues ha sido interferido durante muchos años por el gobierno.

El primer precio intervenido fue el de las tasas de interés, que durante los años ochentas del siglo XX, y vía políticas monetarias expansivas (como las de EU a inicios de este siglo), crearon un ambiente de crecimiento artificial, no basado en los consumidores, sino en las inyecciones crecientes de dinero del banco central para “estimular” la demanda agregada (ah, como me recuerda esta frase a Calderón). La borrachera económica acabó a finales de los ochentas y los años noventas del siglo pasado significaron una espantosa resaca que implicó estancamiento económico profundo para Japón.

Los consumidores japoneses siempre han jugado un papel marginal en la asignación de recursos. En Japón el libre sistema de precios nunca ha sido relevante en la asignación de recursos entre consumo e inversión. La economía japonesa fue la última en desafiar las leyes del mercado y creer en la planificación, para lo que contaban con muchos más planificadores que los países socialistas. Pero el resultado estaba decidido de antemano. Sin un sistema de precios, incluido por supuesto el precio del dinero y del yen, no se puede saber qué ahorrar, qué invertir y cuándo hacerlo.

Durante diez años el gobierno japonés se ha negado a aceptar que su problema es el agotamiento de un sistema planificado y la ausencia de un sistema de precios libres y ha pretendido resolver la depresión con bajos tipos de interés y gasto público. En Japón el sistema empresarial-conglomerados poderosos- siempre han estado de la mano del gobierno, que vía su ministerio de economía, deciden la asignación de recursos. A esto hay que sumarle la corrupción descubierta hace unos años entre funcionarios del gobierno y banqueros para hacerse “autopréstamos,” lo que implicó que el sistema financiero japonés se cimbrara y le pegara a ahorradores y al crecimiento económico.

El resultado ha sido una catástrofe, porque a la crisis inicial hay que sumar la fiscal. De tener unas finanzas públicas ejemplares, la deuda pública japonesa ha pasado a representar el 130% del PIB, sin que nada permita suponer que el estado de las finanzas públicas vaya a mejorar.

La razón de por qué el gasto público japonés (con déficits públicos en torno al 8% del PIB anuales) no ha funcionado es la respuesta de las familias y consumidores, que no se creen la política económica del gobierno, que saben que el conglomerado gobierno-grupos empresariales-bancos-empresas industriales y de servicios sigue vivo y distorsiona la toma de decisiones y que, por tanto, la crisis financiera es inevitable. Ello se traduce en empresas privadas que no invierten y, sobre todo, en consumidores desconfiados que no quieren gastar.

El nuevo Presidente estadounidense-por lo menos en el discurso- planea sacar del hoyo a la economía de EU vía el gasto público. Planea “crear” tres millones de empleos vía mayor endeudamiento. ¿El cómplice? La reserva Federal (FED). Con el keynesianismo de Bernanke, la FED no dudará en seguir emitiendo dólares, sin respaldo alguno, para proseguir comprando bonos del Tesoro. Ello es mejor camino hacia la hiperinflación y derrumbe del dólar.

La lección de Japón indica que ante finanzas públicas deficitarias y un endeudamiento alto acompañado de política monetaria acomodaticia (probablemente con la crisis, y de persistir el plan de Obama de mayor gasto público, la deuda estadounidense podría acercarse peligrosamente al 100% del PIB), no funciona como estrategia para la recuperación de las economías.

Al principio de la década de los setenta, ni los gobernantes ni la mayoría de los economistas preveían la gravedad de la crisis económica de EU; tampoco se podía conocer con certeza que la crisis se manifestaría de manera diferente a las del pasado. La excepción fue Milton Friedman con su famoso discurso en la Asociación de Economistas de Estados Unidos en diciembre de 1967, en donde predijo que si se continuaba usando la política monetaria para promover el pleno empleo, el resultado sería una inflación más alta, y no descendería la tasa de desempleo, es decir, al final se tendría más inflación y desempleo (estanflación). El tiempo le dio la razón a Friedman, y la consecuencia fue la terrible estanflación de la era Carter.

Al igual que Freidman, quien esto escribe no es mago ni brujo, simplemente un seguidor y aprendiz de historia económica. Si Obama y sus asesores económicos ignoran la historia, entonces seguro se repetirán los mismos errores de Carter (aunque yo me temo que podría ser más grave, pero es mi apreciación personal). Aquí lo terrible es que para el mundo esto también se traduce en pobre crecimiento económico, lo que puede llevar al regreso y/o consolidación de los mesianismos como el de Chávez, Castro y Morales.

En esta crisis la estrategia ha sido seguir la receta de economistas keynesianos como Krugman y Stiglitz. La historia demuestra que estas no funcionan. Sin embargo, a los gobiernos-entre ellos el de Calderón- les fascina creer que pueden nadar contra el mercado. Craso e ingenuo error.

Japón y la era Carter son evidencia que Obama no debe desdeñar. La estrategia correcta debe ser menos Gobierno, más ahorro y más producción que son las recetas correctas para salir de la crisis. Sin embargo, los planes de Obama van en la dirección contraria: más gasto público y endeudamiento, cuando la economía estadounidense sufre un exceso de ambos.

Si Obama perisite en su plan, entonces el extraordinario hecho de ser el primer presidente estadounidense negro, será lo que menos recuerde-y quiera recordar- EU y el mundo.

martes, 6 de enero de 2009

La expoliación monetaria

Un banco central tiene dos caminos para estimular la demanda agregada (la demanda de todos los agentes económicos a un nivel determinado de precios).

Uno de ellos es mediante la inyección de liquidez (compra de bonos); también puede hacerlo vía aumentos en el crédito interno neto a los bancos comerciales y al gobierno; y finalmente, puede comprar acciones de bancos en problemas, lo que también alimenta la liquidez. La segunda forma es alterar la llamada preferencia de la liquidez del público y ello es posible mediante rebajas en la tasa de referencia (no confundirla con la tasa de mercado que cobran los bancos comerciales; esta es un instrumento de política monetaria que en teoría varía en función del ciclo económico).

La Reserva Federal, el banco central norteamericano (la FED), ha intervenido en esta crisis financiera en el mercado de dinero haciendo una combinación de las formas arriba señaladas. A veces ha inyectado dinero directamente (vía operaciones de mercado abierto), a veces ha comprado acciones como lo hizo con City Group, a veces ha abierto líneas de crédito al gobierno (le compra bonos del tesoro) ó apoya financieramente a entidades patrocinadas por el mismo como las sociedades hipotecarias Freddie Mac y Fanny Mae, y por último, en los últimos meses ha instrumentado una política agresiva de rebaja en la tasa de referencia (el precio del crédito que la FED le cobra a los bancos comerciales para dotarlos de liquidez y con ello puedan realizar sus operaciones con normalidad)

Cuando un banco central abusa, e inunda de moneda a una economía, el resultado es inflación (lo que expolia a los consumidores), la cual se explica por aumentos constantes en la demanda agregada ocasionados por el exceso de liquidez. Aquí la evidencia es contundente. Me sorprende que aún haya algunos economistas que duden de esta causalidad. Me sorprende que haya economistas que nieguen la expoliación monetaria que los bancos centrales hacen sobre los consumidores.

¿Por qué Bernanke ha abusado de la política monetaria expansiva y aparentemente no hay secuelas inflacionarias? Sencillo, estamos hablando estrictamente de efectos de corto plazo. La caída en el precio del petróleo y de los de los granos, así como el endeudamiento y la desconfianza del consumidor norteamericano promedio, ha contenido a la demanda agregada. Pero cuidado, esto es sólo temporal.

Algunos economistas deben actualizarse (ó al menos desempolvar sus libros de teoría monetaria) y no olvidar que los mecanismos de transmisión de la política monetaria (los efectos de la misma sobre la demanda agregada), además de ser complejos, llevan varios meses antes de que comiencen a sentirse. Por tanto, la aparente “deflación” en la economía norteamericana es no sólo pequeña, sino sobretodo pasajera y se invertirá a mediados del año que viene, pues la gente tendrá más medios de pago en sus manos (en un contexto en donde el PIB está cayendo), lo que hace imposible la existencia de una verdadera y peligrosa deflación como sucedió en los años veinte del siglo pasado.

Los economistas como Bernanke, y los neokeynesianos que le acompañan, son soberbios y creen que un burócrata iluminado puede mover al antojo las verdaderas preferencias de la liquides del público, creen que pueden artificialmente fijar el nivel real de las tasas de interés. Les falta estudiar un poco más de economía política e historia económica y dejar de abusar de la teoría económica de librito de texto, en donde es bien fácil manipular las tasas de interés tanto en el mercado de dinero como el de bienes. Tristemente, en la mayoría de las aulas de los estudiantes de economía, se sigue enseñando el esquema IS-LM. Bernanke, Krugman, Stiglitz y compañía, han sido víctimas de este engaño macroeconómico. Muy bien les haría repasar a los clásicos de la ciencia económica, y por supuesto, a la escuela austriaca de economía.

Deberían de leer (ó releer en su caso) a gigantes de la economía de la talla de David Hume. De acuerdo a Hume, las variaciones de la oferta monetaria afectan a las variables nominales, pero no a las reales. Pongámoslo en términos sencillos. Cuando el banco central duplica la oferta monetaria, el nivel de precios se duplica, incluyendo al precio del factor trabajo, el salario. Pero estamos hablando en términos nominales. La cruda realidad es que variables reales como la producción, el empleo, los salarios (que para los trabajadores lo importante es suba el poder adquisitivo, y ello sólo es posible si sube el salario real y no el nominal que no descuenta la inflación existente) y los tipos de interés reales No varían. A largo plazo el dinero es neutral, es decir, no ejerce efecto alguno sobre variables reales. Esto es lo que le cuesta trabajo aceptar a los neokeynesianos que se dejan llevar por la econometría cortoplacista en donde el dinero aparece como no neutral (los cambios monetarios sí tendrían efecto sobre las variables reales).

La mejor política monetaria es aquella en donde la liquidez aumenta conforme aumentan las transacciones de los agentes económicos. Así las cosas, la política monetaria no debe tener como función el sacar del hoyo a las economías como lo pretende Bernanke, sino preservar el valor del poder adquisitivo de la moneda que propicie un ambiente estable en los negocios para que la economía pueda crecer.

Lamentablemente el mandato constitucional de la FED de preservar el poder adquisitivo, se acompaña de otro perverso, fruto del desastre de 1929, que es el de mantener a toda costa el crecimiento económico. Así, el ciclo económico se ha peligrosamente empatado con el contexto político-electorero, en donde la expansión del crédito de la FED en más de una ocasión ha respondido a las presiones de los políticos de mantener inundada de dinero a la economía para que la gente no se de cuenta de las pifias burocráticas. Al final sucede, la gente puede hasta perder la chamba, pero es más fácil culpar de esto al “capitalismo salvaje,” a “la globalización,” al “calentamiento global” ó a las “ambiciones despiadadas de las trasnacionales.” Para la gente puede más el análisis ramplón que el riguroso. De eso sacan jugo los políticos y uno de sus instrumentos favoritos son los bancos centrales.

No se entiende, el crecimiento es producto de que las empresas generan riqueza en un contexto de estabilidad de precios. El problema es por el lado de la oferta agregada, no por el de la demanda. Querer tercamente que la política monetaria estimule el crecimiento económico es sólo una vil mentira, una manera de drogar monetariamente a la economía. Al final los ciudadanos pagan la resaca.

Bernanke ha expresado que ahora es el turno de la política fiscal. No sé, con un déficit fiscal que al cierre de este año se estima cerrará en cerca de 10%, ¿De donde sacarán recursos? ¿Más impuestos? Pueden hacerlo expoliando a los consumidores propios y del resto del mundo, pero es muy arriesgado, pues la confianza en el dólar en medio de una estanflación sí podría verse mermada. Por lo pronto, Obama, ya anuncio que gastará cerca de un billón de dólares para “estimular” a la economía. Si ese es el camino, regresaremos a los años de Carter, en donde inflación, desempleo y nulo crecimiento económico estaban a la orden del día. La única esperanza que albergo es sobre algunos de los asesores de Obama.

Ya veremos el próximo año. Por lo pronto el horizonte se ve negro. Aún así, felices fiestas navideñas amigo lector.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Prostituyendo al capitalismo

El hecho de que empresas privadas, verdaderos gigantes trasnacionales, pidan al gobierno estadounidense que las rescate no es más que el veneno marxista que liquida y prostituye a los mercados libres. Desde hace varias semanas las empresas principales automotrices de EU están cabildeando en el Congreso el recibir un crédito millonario para “sobrevivir.” Hasta el momento de escribir este artículo, el gobierno norteamericano ha respondido con escepticismo e incredulidad. Ojalá no se traguen el cuento de las automotoras.

En alguna ocasión un manager leyenda de Chrysler, Lee A. Iacocca, redujo su salario anual a 1 dólar (se trataba claro de un acto simbólico), y pidió al resto de ejecutivos y trabajadores de la empresa que ajustaran y sacrificaran parte de sus salarios para salvar a su empresa. Se inició una reestructuración que al menos en los años ochentas, salvó a la empresa (Iacocca es el padre de la Minivan que levantó las alicaídas ventas del consorcio automotriz) y la puso nuevamente en las grandes ligas competitivas. Luego vino la fusión con Daimler y se cometieron errores que hoy está pagando Chrysler. Esa es otra historia.

El punto es que uno de los espíritus que mueve al capitalismo como sistema económico superior es el del error, el de la corrección, el de la destrucción creativa que permite a las empresas evolucionar hacia nuevas e innovadoras formas de producción. En el camino, claro, hay errores y caídas. Los estatistas nos atacan a los liberales argumentando que dogmáticamente creemos en la perfección de los mercados. Ignorancia de nuestros estatistas.

Los mercados son ensayo y error. Sí, además de aciertos y éxitos, hay errores y excesos que se cometen, pues ante todo la esencia del capitalismo es la actuación humana (imperfecta por naturaleza), que acierta, yerra y corrige. De ahí que la destrucción creativa que Shumpeter señaló es lo que lleva a que después de los ajustes, sobrevengan nuevas preferencias e innovaciones. El proceso de destruir lo obsoleto, lo viejo, lo inservible, es lo que llevó a EU a ser la potencia dominante del siglo XX.

La esencia del éxito capitalista radica en la libertad inherente de intercambio, la libertad de acumular, ahorrar e invertir que se soporta en sólidos derechos de propiedad (derecho a poseer, usufructuar y transferir un bien).

Lee A. Iacocca llamó en su momento a corregir, a innovar y no a pedirle “ayuda de gorra” al gobierno. Como diría mi padre, actuó no como cachuchero, sino como capitalista responsable que se somete al cambio so pena de desaparecer de no hacerlo.

Hoy, con el desastroso liderazgo político de Bush, algunos capitalistas buscadores de rentas quieren escudarse en las patrañas de siempre, en la “defensa del empleo,” en la “contribución impositiva,” etc. Ahí están pues las grandes automotoras que en vez de enfrentar sus errores, de corregir sus canibalescos contratos sindicales, buscan el dinero fácil de los contribuyentes. Ya veremos si son capaces de prostituir al capitalismo estadounidense (ya de por sí golpeado).

La terquedad de la comisión de cambios

Y se sigue inyectando dólares al mercado cambiario, y nada más no hay respuesta positiva para el peso. Ya han metido las autoridades 14 mil millones de dólares para defender como perros al peso, y nada, ya hay que dar 14 unidades del mismo por un billete verde. Nuevamente no entienden, los burócratas jamás le ganaran desde un escritorio a la formación de precios que millones de personas determinamos en el mercado.



domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Más Estado y menos mercado?

Para cuando el lector lea este artículo, ya habrá escuchado al Presidente en la cumbre del G-20, en Washington, y no recibirá sorpresa alguna. Si alguna duda había, al menos yo ya la despejé, Felipe Calderón quiere emular a Luis Echeverría, y no me refiero sólo a su populismo fiscal, sino a su actitud hacia las instancias internacionales. Ahí está Calderón llamando a “los no alineados del tercer mundo,” ahí está Calderón diciendo que el Estado debe ser el rector de la economía (¡caray!, creí que ese discurso rancio priísta ya lo habían superado los políticos mexicanos) y que el “mercado debe ser intervenido ampliamente para evitar sus excesos.” No “pos sí,” con ese discurso, como atinadamente comentó un periodista, mejor Calderón hubiera enviado a la cumbre como su representante a López Obrador.

En fin que ya seguro estará Calderón hablando como merolico en la cumbre sobre el énfasis en políticas fiscales populistas (elegantemente llamadas contracíclicas), en la mayor intervención gubernamental y en general de mayor sometimiento de la libertad económica a papá gobierno. Estatismo al más puro viejo estilo priísta.

Por otro lado, las autoridades hacendarias han expresado que no hay problema financiero de corto plazo, que hay coberturas para el próximo año contra la caída del precio del petróleo. Yo creo que las cuentas no le cuadran a Hacienda. Si no hay problema, entonces ¿por qué el próximo año el gobierno se endeudará más tanto interna como externamente? ¿Por qué están reacios a bajar la gasolina cuando en EU también ha caído? ¿Por qué el subsidio al consumo de electricidad bajó súbitamente y el precio de la misma se disparó?

Asimismo, el Secretario presumió que tan sólo en el período calderonista (a sólo dos años) el gasto público ha crecido 30%, caso sin precedente. ¿Acaso el Secretario como el Presidente creen que el gasto creciente y deficitario es el motor del desarrollo económico? Si es así que peligroso, pues se están moviendo sobre tierra pantanosa. Guardando las proporciones, en el período de Echeverría y López Portillo se establecieron agresivas políticas keynesianas y el resultado fue endeudamiento y devaluación. Ciertamente hoy las cifras macroeconómicas son distantes a las de ese período, pero el comienzo populista es el mismo, la inútil creencia de que se puede ir contra el ciclo mundial de los negocios.

Lamentablemente en estas crisis suele confundirse por ignorancia ó mala fe las causas de las mismas y por tanto se apela al Estado como el salvador de los mercados. Eso es una verdadera falacia. Las malas prácticas en los mercados privados son efecto de las llamadas fallas de gobierno (reglas malas que no definen ni defienden adecuadamente los derechos de propiedad, monopolios como el Banco Central y populismos como créditos blandos, subsidios generalizados, etc.).

Le recuerdo al Secretario de Hacienda lo siguiente: Estudios académicos serios (como doctor en economía debe conocerlos) ofrecen interesantes razones por las cuales existe una relación negativa entre el tamaño del gobierno y el crecimiento económico: 1) el mayor gasto público impone, con su financiamiento, una carga tributaria más elevada en la economía; 2) conforme el Estado crece, su productividad decrece; es decir, las erogaciones públicas son destinadas cada vez más a quehaceres con menor rentabilidad social; 3) la expansión del Estado en los mercados obstaculiza e incluso sustituye a la actividad productiva del sector privado; 4) conforme el gobierno se expande, sus recursos son objeto de redistribución y se reduce su rentabilidad social. La evidencia también señala que cuanto mayor es el tamaño del gobierno, medido por el gasto público total a PIB, más se aleja de sus tareas esenciales, y menor es el crecimiento del PIB de las naciones. En estos estudios se ha podido estimar con eficiencia que, por ejemplo, por cada 10 puntos porcentuales que el gobierno aumenta el gasto público, el crecimiento económico (que es el que crea empleos productivos), se reduce hasta en un punto porcentual.

Así las cosas, lo menos que se debe presumir es el impresionante crecimiento del gasto público.

La cumbre

Para cuando escribo este artículo, apenas comienza la cumbre G-20. Aún así me atrevo a jugarle al mago conociendo que en estas reuniones casi siempre se impone la demagogia. Para empezar, si quieren mejorar el funcionamiento y transparencia de los mercados financieros, lo primero que debe reformarse es el funcionamiento de los bancos centrales, que se centren exclusivamente en el control de la inflación; lo ideal sería retornar al patrón oro, pero eso lo veo difícil, pues le quitaría el poder a los gobiernos gastalones y populistas y no creo que lo permitan. Por otro lado, de una vez por todas sería bueno que el gobierno impulse leyes que limiten el riesgo moral, en donde quede claro que quienes arriesgan asumen sus costos, que quienes pierden no serán rescatados por los contribuyentes. Finalmente, un señalamiento importante sería exigir destrabar el comercio internacional derrumbando las barreras arancelarias y no arancelarias (eso es lo único prudente que he oído de Calderón). En fin que lamentablemente no creo que haya grandes avances como no sea la creación de nuevas monstruosas burocracias al estilo del FMI y el Banco Mundial.



domingo, 9 de noviembre de 2008

EL RIESGO

Por estos días de crisis se está usando muy a la ligera la palabra regulación. Que si hay que regular más a los mercados de capital, que si hay que regular más a los bancos, que si hay que regular más a las calificadoras, que si hay que regular más a los derivados, que si hay que regular más al “capitalismo salvaje” y en general afirmaciones que pecan de desinformación y/o de mala intención.

En primer lugar hay que entender que es una estupidez regular a los que toman riesgos. De hecho, es esta virtud humana (que no tienen todos los seres humanos), éste talento de algunos lo que ha consolidado al capitalismo como el sistema económico más poderoso y eficiente y que ha hecho posible que millones de personas salgan de la pobreza absoluta. En el capitalismo, gracias a los que se arriesgan, gracias a los que van más allá de la vida rutinaria, gracias a los que sueñan, gracias a los que superan al promedio, gracias a los que desean dar antes de recibir, gracias a los que quieren ganar más, es que el capitalismo se consolidó en EU y convirtió a este país en la primer potencia económica del siglo XX con una predominante clase media y un grupo de virtuosos emprendedores.

Si no hubiera capital de riesgo, no habría sido posible el nacimiento y consolidación de gigantes como Microsoft, Yahoo, You tube, Wal Mart, Mc Donald’s ó Google. Estos grandes ejemplos de grandeza humana, de toma de riesgos, de apuesta a ganar, simplemente son inexistentes en nuestro capitalismo estatista-mercantilista latinoamericano.

¿Quién limita y termina por aplastar a la libertad humana inherente en el capitalismo? Los políticos y burócratas socialistas que odian que unos sean mejor que otros, que odian que haya quien gane millones, que odian la excelencia y, en cambio, desean que todos los seres humanos estén en el “justo medio” en la mediocridad absoluta. Ahí está la mediocridad que caracterizó a los regímenes comunistas, en dónde la innovación estuvo siempre ausente.

Tristemente, cuando la culpa de la actual crisis financiera mundial son las medidas erróneas de política pública, se culpa al sistema más exitoso de todos los tiempos, ese que el propio Marx reconocía como el más eficiente y poderoso, ese que propicio el nacimiento de una burguesía que rompió los candados de los esclavos del feudalismo.

No, definitivo, la toma de riesgos no se debe limitar ni regular. Lo que se debe garantizar es que quien pierda asuma sus propios riesgos, que quien pierda no sea rescatado por otros, que quien pierda respete los derechos de propiedad de terceros. Ese fue el capitalismo que predominó en el siglo XIX en EU, en dónde estaban totalmente ausentes los bancos centrales, hipotecarias estatales, esquemas estatistas educativos y de salud, sobre regulaciones bancarias y bursátiles, y en general toda la intervención estatal fuera de proteger los derechos a vivir, a ser libre y a poseer bienes privados de las personas.

Hoy vemos un capitalismo “prostituido” por los políticos, que defienden a capa y espada que el ser humano es excesivamente ambicioso por naturaleza y por ello el Estado debe detener esta “ambición perversa.” Vaya estupidez. Alguien que innova, que crea riqueza para millones, que conquista nuevos mercados está lejos de ser ese perverso enfermo ambicioso que afirman los gubernamentólatras. Confunden a la grandeza humana de toma de riesgos con la vulgar delincuencia de algunos humanos, ciertamente enfermos (yo diría sin la educación apropiada) que roban y/o asesinan a otros para despojarlos de sus bienes.

Hay buenos y malos hombres de negocios, con y sin ética, pero estas situaciones no tienen que ver con la condena socialista a la libertad que da el capitalismo. Recordemos, para aquellos atarantados que hoy quieren revivir a Marx, que los crímenes más horrendos han sido cometidos por las dictaduras comunistas en donde la libertad es aplastada, en donde la libertad es mancillada y manipulada a favor de los poderosos burócratas comunistas.

La evidencia es contundente, en dónde se coarta la libertad, en dónde se suprimen los derechos de propiedad, sobreviene la hambruna, la pobreza y el subdesarrollo. Ahí está Cuba, Ahí está Corea del Norte, Venezuela ó Bolivia.

Qué tristeza me da oír a bisoños hablando de regular. Que tristeza me da oír condenas contra la libertad económica.

El riesgo es esa posición que a veces lleva a la banca rota, pero que también es el resorte de grandes inventos y conquistas humanas. No debemos limitar el riesgo, sino hacerlo una cultura, en dónde quede claro que las pérdidas ó ganancias se circunscriben a quienes lo corren.

Que el Estado rescate a los quebrados, otorgue créditos a los perdedores, avale a las empresas, proteja y subsidie a los agentes económicos ineficientes, es totalmente ajeno al espíritu emprendedor y tomador de riesgos que caracteriza al sistema capitalista de libre mercado.

Ojalá la actual crisis limite el riego moral y castigue-no premie- a quien asume riesgos contra terceros.

Ya veremos si el Próximo Presidente de EU, Barack Obama (quien se arriesgó-otro ejemplo de riesgo- y no siendo blanco conquistó su llegada a la Casa Blanca), está a la altura de las circunstancias, y ante los grandes desafíos que enfrenta EU, no termina eliminando, matando la toma de riesgos que hizo a EU el país líder en innovaciones en el siglo XX. Ya veremos.